Tengo un niño de 7 años que se deja pegar por sus compañeros. Llegó un día a casa con la cabecita herida. Él es buen alumno, pero inseguro, tiene una hermana de 9 años que es todo lo contrario a él. Yo vivo con mi mamá, mis tíos y mi hermano, que hace las veces de padre para mis hijos. Estoy separada desde que concebí a mi hijo, quien es muy querido por todos nosotros, es muy tierno y dulce, y en la actualidad me dedico a ellos. Empezará un nuevo ciclo de clases y otra vez mi niño se topará con el calvario de sus compañeros atrevidos; traté de matricularlo en una escuela de karate, pero mi situación no me da para esto.
Madre desesperada
Estimada madre:
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Su hijo no “se deja pegar” porque quiera. Muchos niños sensibles, empáticos y dulces prefieren evitar el conflicto antes que enfrentarlo. Eso no es debilidad; es una personalidad que necesita aprender herramientas de defensa emocional.
Si las agresiones son repetidas y existe desigualdad de fuerza o carácter, estamos ante acoso escolar, y la escuela tiene responsabilidad.
- Solicite una reunión formal y pida que activen protocolos de protección. No es exageración, es prevención.
- En casa, más que decirle “defiéndete”, enséñele cómo hacerlo. Practiquen frases cortas y firmes como “No me pegues”, “Aléjate”, “No me gusta”. Trabajen postura, contacto visual y tono de voz. La seguridad se entrena.
- Evite compararlo con su hermana o reforzar la idea de que es “débil”. Su ternura es un valor, pero necesita límites. Tampoco se trata de volverlo agresivo, sino de enseñarle que puede protegerse sin dejar de ser quien es.
- Si no puede pagar karate, busque alternativas gratuitas: deporte comunitario, teatro infantil o actividades escolares. El objetivo no es que aprenda a pelear, sino que fortalezca su autoestima.
Su hijo no necesita cambiar su esencia. Necesita herramientas para que su bondad no se convierta en vulnerabilidad. Y usted ya dio el primer paso correcto: pedir ayuda.





