Les escribo porque tengo una amiga cercana que está pasando por una situación muy fea. Ella hace años fue diagnosticada VIH positivo, pero se mantiene con su medicación y hasta antes de la pandemia vivía una vida muy normal, alegre, trabajadora. Pero la pandemia la golpeó mucho emocionalmente, también contrajo COVID y gracias a Dios lo logró superar, pero ella no se puede recuperar de su estado de ánimo. Por un tiempo no quiso comer, sentí mucho temor a salir, a volver a contagiarse y desde entonces no logra ponerse en pie, a ser como yo la recordaba. No sé si su condición médica influyó en la manera en cómo la afectó la pandemia, pero realmente parece como si hubiera quedado traumatizada. También durante ese tiempo terminó una relación con alguien con quien estaba conviviendo y aunque he estado acompañándola todo este tiempo, siento que necesita más ayuda de lo que puedo darle.

Amiga anónima,

Guayaquil

¡Muchas gracias por confiar en nosotros mediante su consulta y celebramos que existan personas como usted, que saben ser amigas de corazón y hechos!

Publicidad

Las medidas de confinamiento social o aislamiento se convierten en un impacto psicológico asociado con la permanencia de las medidas precautorias, el pánico a volver a contagiarse, el peligro de desabastecimiento, las pérdidas económicas, las culminaciones laborales y la inoportuna información recibida. La aparición de millones de dudas y preguntas que, aunque parezcan muy personales son comunes en aquellos que han padecido esta enfermedad.

La exposición a un virus que nos ha enfermado tan significativamente incorpora un desafío para el sistema inmunológico y para nuestra vida afectiva/emotiva, nuestra salud mental y sistema nervioso central. Síntomas de estrés postraumático, ansiedad, estrés, depresión, dolores de cabeza, pérdida o exceso de apetito, insomnio, malestar estomacal; pesadillas, aburrimiento y pensamientos suicidas, son totalmente probables en quienes han sufrido de coronavirus, aún más cuando han tenido un escenario patológico preestablecido como el VIH y sus correspondientes secuelas, lo que se multiplica cuando durante el aislamiento se presenta una rotura amorosa, situación que indudablemente le ha afectado a su querida amiga, que se beneficia de su inigualable amistad, pero que no puede suplir el abandono traumático de un ser amado (menos aún en época de crisis), así como las indudables ‘cicatrices’ que a muchos deja el COVID.

Su amiga necesita de ayuda especializada para superar su trastorno postraumático, que se manifiesta mediante un trastorno ansioso depresivo y anhedonia. ¡Siga siendo tan buena amiga como hasta ahora, amiga de gran calidad que toda persona (me incluyo) desea tener! ¡Felicitaciones por ser y existir!

Dr. Eduardo Santillán Ph. D. , neuropsiquiatra, psicopatólogo clínico, psicoterapeuta.

Celular: 098-017-5745.