Tengo 30 años y mi esposa 27. Hemos tenido 2 años de noviazgo y 3 de matrimonio y empiezan a surgir algunas dificultades, una de las cuales, la depresión de mi esposa como una patología heredada.

Mientras éramos enamorados sabía que ella tenía ciertos problemas de índole de salud mental, iba a un psicólogo, pero no me dijo cuán grave era. Después supe que recibe medicación por parte del psiquiatra.

Mi personalidad siempre ha sido descomplicada, acepto los errores y virtudes que la vida me ha dado, no me martirizo si algo salió mal, trato de seguir adelante. Desde que nos casamos ha sido muy difícil lidiar con todo esto, siento que el discurso para ayudar se me acaba y no sé qué más puedo hacer, siento que he llegado a desgastarme.

Ella tiene semanalmente una cita con un psicólogo, no escucho sus conversaciones por privacidad. Busca terapia, pero recae.

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Siento que he aportado más a la relación. Cada día es un drama y estoy harto de tanta energía negativa. A veces siento que me vio como una ruta de escape. Si yo hubiera sabido todo lo que hay detrás de la depresión, lo hubiera pensado dos veces antes de comprometerme, porque no soy psicólogo y me desgasto mucho. Por otro lado, si tomamos caminos separados, sentiré ese fracaso.

Me siento algo decepcionado de la elección que hice y de no saber cuándo acabará esto, y no veo una escapatoria a tener que lidiar con esta situación toda la vida. Me siento inseguro de tener hijos y que sea esa la razón para quedarme con ella, por compromiso, por pena, más que por amor y felicidad.

Daniel,

Guayaquil

Estimado Daniel: veo que su decisión de formalizar el compromiso fue siendo bastante jóvenes, y sin haber tenido oportunidad de disfrutar otras experiencias que a esa edad son de vital importancia para el desarrollo pleno, logrando una realización personal sistémica.

En ese contexto, asumir un cuadro depresivo en un matrimonio joven no es cosa fácil, toda su descripción inicial pinta un cuadro de descompensación homeostática que da cuenta de un despunte creciente de la enfermedad.

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Uno de los efectos colaterales de los cuadros depresivos es el impacto que tienen en el entorno familiar.

Creo que usted ha hecho lo que corresponde para apuntalar su matrimonio, sin embargo, no se puede culpabilizar por no haber lidiado de manera más efectiva con la patología de su querida esposa, porque no depende de su voluntad de resciliar la situación, aceptar los errores, evaluar y seguir adelante, porque no depende solo de usted que esto mejore.

El desgaste emocional de enfrentar este proceso es un resultado que no debe sorprenderlo, pues es parte de la consecuencia de la dinámica de interacción que se ha vivido durante este periodo de tiempo compartido.

Si usted se pregunta qué hacer para salir de esto, es evidente que no siente que el tratamiento que está recibiendo su esposa esté siendo el adecuado.

Efectivamente, existen diferentes niveles de depresión que pueden ir de la más leve a la más severa, pudiendo estos últimos cuadros mezclarse con otros más complejos, y deben ser atendidos con un profesional en psiquiatría, que es quien medica, para regular el equilibrio bioquímico del organismo, debiéndose complementar este proceso con un tratamiento psicológico clínico, cuya frecuencia de intervención no debería ser de una sesión por semana.

El COVID-19 nos ha generado una pandemia emocional que acarrea pérdidas, soledad, encierro, dificultades económicas.

Uno de los efectos colaterales de estos cuadros depresivos es el impacto que tiene en el entorno familiar, en quienes deben convivir con la persona que presenta esta patología, y por ende requiere que usted también busque ayuda profesional en al área psicoterapéutica.

Inicialmente solicite una cita presencial a solas, y luego en común con su esposa, con ambos profesionales a cargo (psicólogo y psiquiatra), y que ellos puedan escuchar toda la afectación psicoemocional que usted está experimentando, pues estoy plenamente de acuerdo en que su desgaste emocional a corto o mediano plazo puede afectar seriamente su salud física y emocional, pues no ve salida a su conflicto. Intensificado todo esto por los efectos colaterales que el COVID-19 nos ha generado, entre esos una pandemia emocional que acarrea pérdidas, soledad, encierro, dificultades económicas.

Me parece muy atinado que no hayan tenido aún descendencia, pues sería caótico manejar la situación actual con el nacimiento de un bebé, que debería llegar a un ambiente de paz, de amor y de prosperidad.

Por lo tanto, recomiendo:

  • Pedir cita urgente con ambos profesionales a cargo en compañía de su esposa, para determinar su pronóstico y evolución. Puede ser que ella no esté respondiendo adecuadamente a esa dosis psicofarmacológica y que el psicólogo, que debe ser clínico, no está logrando la transformación adecuada de sus patrones mentales.
  • Pedir una segunda opinión, basada en la información recibida, tanto a nivel psicológico como psiquiátrico.
  • Incorporarse activamente en las citas con su esposa, en caso de desear mantener su situación. En caso de ser así, recomiendo poner un límite de tiempo para observar el avance del proceso.
  • Buscar ayuda profesional para usted en aras de poder determinar su interés real en mantener o no su situación actual, en caso de que ese proceso no le genere la transformación vincular que usted desea.
  • Esperar resultados más favorables antes de tener un hijo o hija.

Liliam Cubillos Andrade, psicóloga clínica.

Telf.: 099-986-1130

@lcubillospsicologa