Soy un hombre de 24 años, me casé a principios de año. Mi esposa tiene 25 y tenemos una hija de 4 meses. Al principio vivimos solos, pero teníamos peleas y las familias se metieron mucho. Nos separamos unos días y luego nos reconciliamos y decidimos vivir al lado de la casa de su mamá, pero las peleas volvieron. Decidimos buscar ayuda y darle a nuestra hija un buen hogar, y nos fue bien, pero en poco tiempo discutimos y tomamos la decisión de llegar al divorcio.

En este momento se odian mi familia y la de ella, mi esposa no me habla ni responde mensajes ni llamadas, no sé cómo está mi hija. Aún la amo, pero la familia de ella ahora no quiere ni verme. No quiero que mi hija crezca sin su padre, las peleas eran por cuestiones de dinero, tiempo, familia, confusiones y malentendidos, creo que pude haber hecho las cosas mejor, pero he visto parejas con peores problemas.

No pierdo la esperanza de que más adelante la bebé sea el conducto para poder llevarnos mejor. El problema es que mi esposa es muy apegada a su mamá y a su abuela. No me llevo muy bien con mi suegra. No sé si la solución sería vivir solos aparte de las familias, pero el problema es cuidar a la bebé, ya que ella estudia y yo trabajo.

Freddy,

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Guayaquil

Estimado lector, gracias por escribirnos a El Especialista. La convivencia siempre traerá momentos de alegría pero también de tristeza a causa de los problemas y el mal manejo del conflicto.

Es lamentable que no hayan sabido direccionar bien sus diferencias. Sin duda ustedes estuvieron conectados a un acompañamiento profesional y les fue bien.

Debieron haber continuado con las terapias, porque estas tienen el dominio para capacitar y enseñar a mejorar como esposos, haciéndoles ver las responsabilidades que cada uno tiene en el problema.

Una de las cosas que debieron haber trabajado con el especialista es la orientación con relación a vivir independientemente de sus familias secundarias, la pareja que decide casarse debe establecer sus propias reglas, sin involucrar a las familias de ambos lados. Esta independencia les ayudará a vivir sus propias experiencias, espacios y a aprender juntos de las mismas, tomando decisiones en conjunto, sin la intromisión de sus familias parentales.

Usted menciona en su carta que aún ama a su esposa, le aconsejo entonces que la busque, le pida perdón por las heridas ocasionadas y que empiecen armando un proyecto de vida saludable que les ayude a mejorar y a enmendar lo dañado, en bienestar de ustedes como pareja y de su hija a quien tanto aman. Y finalmente, apóyense del terapeuta de parejas o de familia.

Les deseo éxitos en la solución de este problema.

Toyi de Jácome, psicóloga y terapeuta familiar.

Telf.: 099-402-1070.