La Cordillera del Cóndor, ubicada en el sureste de Ecuador, vuelve a posicionarse como uno de los territorios más importantes en términos de biodiversidad a nivel mundial.
Este sistema montañoso, caracterizado por sus formaciones geológicas únicas de mesetas de arenisca conocidas como “tepuis”, alberga un alto nivel de endemismo que continúa sorprendiendo a la comunidad científica. En este contexto, recientes exploraciones botánicas han permitido el descubrimiento de una nueva especie para la ciencia: Thibaudia shagmiana.
El hallazgo fue publicado en la revista científica Biodiversity Data Journal y es el resultado del trabajo conjunto de investigadores de Ecuador, Colombia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. El holotipo de esta nueva especie se encuentra depositado en el Herbario de la Universidad Técnica Particular de Loja (HUTPL), consolidando la relevancia del aporte científico nacional en el estudio de la flora.
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El nombre de la especie hace referencia a la Cordillera de Shagmi, una ladera orientada al oeste dentro de la región de la Cordillera del Cóndor, en la provincia de Zamora-Chinchipe, lugar donde fue identificada. Este descubrimiento no solo amplía el inventario de la flora ecuatoriana, sino que también enciende una alerta sobre la necesidad urgente de conservar estos ecosistemas frágiles.
Thibaudia shagmiana habita exclusivamente en bosques montanos bajos asentados sobre mesetas de arenisca, a una altitud aproximada de 1500 metros. Se trata de un entorno extremo, con suelos pobres en nutrientes y presencia constante de neblina, condiciones que favorecen la aparición de especies altamente especializadas y únicas en el mundo.
Una de sus particularidades es su forma de crecimiento: no desarrolla raíces en el suelo, sino que vive sobre los troncos y ramas de los árboles, aprovechando la humedad del ambiente. Esta característica, similar a la de muchas orquídeas, le permite adaptarse a un hábitat exigente y limitado.
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Entre sus adaptaciones más notables destacan los lignotubérculos, órganos leñosos presentes en sus raíces que funcionan como reservorios de agua y nutrientes. Estos mecanismos le permiten sobrevivir en condiciones adversas, actuando como verdaderas “cantimploras” naturales.
En cuanto a su morfología, la especie presenta hojas gruesas, de textura similar al cuero, agrupadas al final de las ramas en una disposición tipo roseta o pseudoverticilada, rasgo clave para su identificación. Sin embargo, su característica más llamativa son sus flores: de forma tubular, ligeramente pentagonales, y con un color vibrante que varía entre el magenta y el escarlata. Estas flores pueden aparecer solitarias o en pequeños grupos directamente sobre las ramas.
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A pesar de su reciente descubrimiento, la situación de Thibaudia shagmiana es crítica. Hasta el momento, solo se han registrado siete individuos en su localidad tipo, lo que ha llevado a proponer su clasificación bajo la categoría de “En Peligro Crítico” (CR). A esta condición se suma una amenaza directa: su hábitat se encuentra dentro de una concesión minera activa, lo que compromete seriamente su supervivencia a largo plazo.
El descubrimiento de esta especie pone en evidencia tanto la riqueza biológica de la Cordillera del Cóndor como la fragilidad de sus ecosistemas. La presencia de actividades extractivas en estas zonas plantea un desafío urgente para la conservación, en un escenario donde cada nueva especie descubierta puede estar también al borde de desaparecer. (E)








