La innovación tecnológica y los recursos disponibles se combinan para avanzar en lo que podría parecer una misión imposible. China está reforestando uno de los lugares más inhóspitos de la tierra, a través de la construcción de un bosque que sirve como franja de vegetación.
Este proyecto, llevado a cabo principalmente en el desierto de Taklamakán, contempla la contención de dunas, reforestación en condiciones extremas e implementación de energía solar para sistemas de riego.
A pesar de los avances que implica, también genera impactos ambientales, logísticos y científicos que se mantienen en constante monitoreo.
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¿Cómo es el proyecto chino?
China está extrayendo arena del desierto y creando un bosque a partir de paja, sal derretida a 540°C y paneles solares que garantizan el riego de unos 200 árboles en medio de la nada.
Según el sitio web ClickPetroleoEGas, la iniciativa forma parte de un programa nacional lanzado en 1978 para frenar el avance de la desertificación en el norte del país. Se espera que la proyectada como “Gran Muralla Verde” se complete en 2050.
Ya se han completado fases de hasta 3000 kilómetros de cinturón vegetal, a pesar de las limitaciones que se señalan. Entre ellas se encuentran las temperaturas extremas, tormentas de arena, desafíos hídricos insostenibles, condiciones de los suelos.
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Asímismo, especialistas han recomendado balancear los pros y contras, enfatizando el riesgo de vulnerabilidad a plagas, enfermedades y fenómenos meteorológicos extremos.
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