Durante más de dos décadas, Marcela Ruete ha ocupado un lugar reconocible dentro de la televisión ecuatoriana. Su rostro, su forma de hablar y ciertos gestos asociados a personajes femeninos de clase acomodada, coloquialmente llamados “aniñados” en distintos sectores del país, han quedado fijados en la memoria de quienes crecieron viendo televisión abierta en los años dos mil.