La primera pianista ecuatoriana en tocar como solista en el prestigioso teatro Carnegie Hall de Nueva York, y que ha cautivado a audiencias en los más importantes teatros de Europa, Asia, Sudamérica y Estados Unidos, es también, curiosamente, la primera mujer ecuatoriana en adquirir ranking oficial de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), además de ser siete veces campeona invicta y consecutiva del Ecuador, campeona invicta bolivariana a los 7 años de edad y triunfó a los 14 años sobre la campeona mundial de ajedrez en el Campeonato Mundial de Ajedrez (durante su breve carrera en el deporte ciencia se ubicó entre las cuatro mejores ajedrecistas mujeres del mundo).

Al respecto de su primera presentación como pianista en la sala Weill Recital del Carnegie Hall de Nueva York, en octubre del 2005, Noreia Mueckay Carlier recuerda que la hizo junto con el maestro Jorge Saade en el violín. “El vestido rosado que usé me fue donado por la diseñadora Carolina Herrera. ¡Estaba valorado en 12.000 dólares! Un fortuna”.

La pianista Noreia Mueckay Carlier tocó en el Carnagie Hall en octubre del 2005. Su vestido fue donado por la diseñadora Carolina Herrera. Foto: Cortesía.

Poco después, en el mismo Carnegie Hall, compartió escenario con su hijo Yárik Panko. “Esa presentación es inolvidable para mí porque Yárik se robó el corazón del público con tan solo 7 años”, menciona la artista durante una gentil entrevista concedida desde su vivienda, en la ciudadela Kennedy norte. “Otro recuerdo importante fue la presentación en el Teatro Symphony Space en Broadway (también en Nueva York), en donde el repertorio fue netamente de música ecuatoriana académica, junto con el Grupo Cultural Ecuador, que cofundé en la misma ciudad”.

Como reconocimiento a sus conciertos y gestión cultural, en el 2008 recibió una proclama del Municipio de la ciudad de Nueva York y en 2009 una del estado de Nueva York. Ese mismo año, la Asamblea Nacional del Ecuador le concedió la Condecoración Vicente Rocafuerte por mérito artístico. “También recuerdo con mucho cariño el recital en el teatro I Ying de Seúl, Corea del Sur, invitados por la Embajada del Ecuador con mi hijo, en donde el público nos ovacionó con lágrimas en los ojos, con lo que comprobé una vez más que la música es el supremo lenguaje invisible que toca los corazones de manera universal”, comenta sobre ese recuerdo con su hijo menor, también un prodigioso pianista (su hijo mayor es Santiago, de 30 años, graduado en la Universidad de Harvard en International Affairs, especialidad Derechos Humanos).

Publicidad

El hijo mayor de Noreia Mueckay Carlier se llama Santiago (30 años). Foto: Cortesía.
Yárik Panko es el hijo menor de Noreia Mueckay Carlier, quien también es un destacado pianista. Foto: Cortesía.

¿Cómo nació su interés en el ajedrez?

Recuerdo con ternura la tarde en que mi padre puso ante mí un tablero y me enseñó de manera divertida la forma de jugar. Un caballo negro se había perdido, así que talló uno en una madera rústica. No salió tan bien, por lo que lo llamamos el “caballo feo”. ¡Siempre quería capturarlo! El ajedrez se convirtió en una forma de expresión maravillosa de mi creatividad y espíritu competitivo.

¿Por qué cree que llegó a destacarse tanto en el ajedrez?

Creo que llegué a destacarme, muy por encima de los beneficios de la disciplina y entrenamiento, fue porque desde niña estuve convencida de la igualdad entre hombres y mujeres en el aspecto intelectual, lo que me permitió romper esquemas y abrir camino en el ajedrez femenino que, en aquella época en nuestro país, no existía a nivel internacional. En vista de que no tenía contendoras, no tuve ningún tapujo de enfrentarme con los varones, alcanzando de este modo la experiencia que me sirvió cuando me enfrenté con jugadoras internacionalmente. En todos los torneos locales, provinciales y nacionales ganaba de manera invicta, y así lo hice también en el Bolivariano en 1981. En campeonatos mundiales estuve entre los primeros puestos, jugando incluso en categorías por sobre mi edad.

Noreia Mueckay Carlier jugó ajedrez profesionalmente entre los 7 y 14 años de edad. Foto: Moisés Pinchevsky

¿Recuerda alguna anécdota interesante en sus años como ajedrecista?

Un torneo que recuerdo en especial fue el Mundial Femenino Sub 20, en el que con apenas 14 años, por desempate, obtuve el cuarto lugar, pero en el que alcancé victorias relevantes, como ante la campeona soviética, a quien gané con una partida que fue escogida la más bella del campeonato. Me despedí del ajedrez competitivo a los 16 años con el Zonal en Guatemala y posteriormente con mi último New York Open, porque a esa edad emprendí mi viaje a Moscú, en donde realicé mis estudios superiores de música.

¿Cómo llegó a la música?

Mi gran amor fue siempre la música clásica. A la edad de 4 años ya sabía que mi vida iba a estar dedicada al piano, mi instrumento preferido. Crecí en un hogar en donde todo el tiempo se escuchaba a los grandes compositores. Recuerdo que mi mamá me acercó a Tchaikovsky y Rimsky Korsakov. Tuve excelentes maestros en Ecuador en el Conservatorio Nacional Antonio Neumane y en el conservatorio Chopin. Obtuve una beca para estudiar en Moscú, en el Conservatorio Tchaikovsky y posteriormente en el Instituto Gnessin.

¿Quiénes fueron sus maestros más destacados?

Mis estudios en Rusia duraron casi ocho años (se graduó con honores). Además cursé talleres y recibí clases magistrales en Finlandia, Alemania y Estados Unidos, entre las cuales se destacan las del gran maestro Rudolf Kerer. Obtuve mis diplomas de pianista concertista y maestría en Pedagogía Musical. Recientemente obtuve una nueva maestría en Diseño de Espacios y Experiencias Culturales en Barcelona, España.

¿Tuvo obstáculos en su carrera?

Para conseguir metas en la vida siempre hay que vencer obstáculos, empezando con los paradigmas, que nos presentan esquemas que no necesariamente son correctos. Por ejemplo, cuando decidí convertirme en pianista profesional, muchos cuestionaban el hecho de que no siguiera una carrera convencional, arriesgándome tan joven a salir del núcleo familiar para irme a un país lejano. Pero debo reconocer que mis padres siempre me apoyaron en todo lo que significaba el desarrollo de mi propia personalidad y espíritu. Jamás pusieron en duda mis vocaciones. Todos venimos a contar nuestra propia historia, que no necesariamente tiene que ser escrita igual a la de otros.

¿Aún combina ambas actividades?

Además de brindar conciertos dentro y fuera del país, actualmente doy clases de piano y de ajedrez aplicando mi propio método de desarrollo integral, estimulando al combinar el aspecto matemático y objetivo del ajedrez con la sensibilidad artística de la música. Porque ambas actividades aunque lucen tan distintas, creo que son definitivamente complementarias. (I)