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La Central, restaurante pionero de la zona rosa de Guayaquil

Meloso de pato ($14), especialidad del restaurante La Central. Foto: Cortesía

A diferencia de algunas personas, disfruto con mucha intensidad caminar por el centro de una ciudad. Es que el downtown tiene esa magia de agrupar en pocas decenas de cuadras la esencia de su gente. La semana pasada me agendaron una cita al mediodía en el centro de Guayaquil, y sin dudar planeé cumplir con una visita pendiente desde hace años a La Central Deli Shop.

La Central es el restaurante pionero en las calles Panamá y Luzárraga, intersección que fue puesta en el mapa gastronómico más de una década atrás por la excelente panadería artesanal El Mono Goloso. Hoy en el mismo sector están Café Colibrí, Cotidiano (bowls y ensaladas), Oui (bistró francés), La Media Luna (empanadas), La Veredita Café y, recientemente, La Taquería (tacos de La Doña).

Las visionarias que encontraron el potencial en este sector son las hermanas Gabriela (cocinera profesional) y María Fernanda Cepeda (máster en Administración Hotelera), que hace cuatro años unieron sus conocimientos para traer al centro un lugar donde se pueda disfrutar de una deliciosa comida en un espacio abierto, que permita generar un contacto con la gente del barrio, como sucede en otros países del mundo.

Fue una típica mañana de invierno. Llovía fuerte al salir de casa, pero al llegar al centro solo fue una llovizna que no me impidió caminar hasta el lugar. Mi plan era desayunar en La Central, cumplir con mi cita de trabajo y luego regresar al mismo lugar para almorzar. Me senté e inmediatamente fui atendido; la mesera me recomendó la especialidad de la casa, y yo, muy obediente, ordené el suflé de yuca con crema de queso y chicharrón ($ 5), acompañado de un café expreso ($ 1) de La Mula Ciega.

La gracia de un suflé es la esponjosidad que debe tener para cumplir con esa textura única que deja una sensación suave en la boca y que lo diferencia de una simple torta. Esta fantástica creación con yuca, bañada con una delicada y no invasiva salsa de queso, y coronada con crocantes trocitos de chicharrón perfectamente logrados, llevan a esta receta originalmente francesa a otro nivel. ¡Deben probarlo!

Mi primer encuentro con el café de La Mula Ciega fue hace un par de años y lamentablemente no fue bueno. En esa ocasión recibí un americano aguado, sin aroma y falto de personalidad. Esta vez fue todo lo contrario: perfectamente preparado, con dulces aromas de frutos secos, una crema consistente que se sentía en los labios al tomar y un agradable sabor potente, propio de un expreso de excelente calidad.

Muy contento salí camino a mi cita y cuatro horas después regresé para completar lo programado. Esta vez me encontré con que La Central estaba repleta; afortunadamente, la velocidad y habilidad que tienen para atender y servir hacen que casi no haya que esperar para sentarse. Probé el meloso de pato ($ 14), tenía una textura arrizotada y supermelosa, que se fundió con la acidez dejada por una delicada salsa de naranjilla. Sumado a esto, una porción de magré con su grasa ligeramente crocante. Fue uno de esos platos que he querido que no se terminen. Delicioso.

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