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Actuar es vivir

Timothée Chalamet en la escena final de 'Call me by your name' (2017), filme por el cual fue nominado al premio Óscar.

En el aprendizaje actoral hay muchos caminos y técnicas, pero finalmente yo creo que todo se reduce a lo que expresó ese gran maestro de las artes escénicas que fue Sanford Meisner: “Actuar es vivir bajo circunstancias imaginarias”. Eso de no actuar y asumir la vida de otro es el gran reto final de un actor que valora su trabajo como una expresión artística, en la cual nunca deben hacerse concesiones, por más elemental que sea el personaje por encarnar.

Timothée Chalamet, adorado por los milenials

No conozco si Timothée Chalamet ha estudiado a Meisner desde sus primeras clases, pero ese magnetismo de realidad pura (pág. 18) que ilumina sus apariciones motivó comentarios como el del crítico Stephen Holden del New York Times, que lo vio simplemente en una lectura de la famosa obra teatral La muerte de un vendedor, de Arthur Miller: “Él podría ser un nuevo James Dean”. Esa leyenda del cine hizo solo tres películas que ahora son parte del canon cinematográfico. Timothée ha hecho quince, con tres grandes producciones postergadas por la pandemia, incluyendo la nueva Dune.

El actor, nacido en Nueva York y de nacionalidad franco-estadounidense, siempre resalta sus vivencias en Francia –su padre es francés–, donde su experiencia mayor es recordar que hasta “pensaba” en francés. Esos años en Europa formaron quizás esa sensibilidad que trajo al papel más famoso de su carrera en Call me by your name, por el cual fue nominado al Óscar. Como en los sueños, para un actor no hay fronteras.

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