La vida de barrio es algo que extraño mucho de mi niñez, eso de caminar a la tienda de la esquina, pasear en bicicleta por la calle y esperar el encuentro con el heladero, o el fin de semana recorrer un par de cuadras con toda la familia hasta el restaurante, saludarse con los vecinos y pasar largas y divertidas sobremesas luego de almorzar. Son algunas de las actividades que ahora es difícil hacer.

En estos tiempos ya sea por seguridad, por moda o por comodidad, muchos vivimos aislados del contacto con la gente, metidos en urbanizaciones en donde la única opción para llegar a algún lado es subirnos a un carro, cumplir con la visita, almorzar o cenar y luego regresar rápidamente al encierro.

En el noroeste de Guayaquil, la ciudadela Los Ceibos es una de las pocas en donde aún se puede vivir una experiencia real de vida de barrio. Tiene una larga y vieja tradición de lugares en donde sus residentes comparten momentos que unen los lazos del vecindario. El restaurante de comida china Joun Yep, con más de 50 años en la misma casa de la calle Cuarta, es el lugar de encuentro de varias generaciones.

La despensa Al Tiro (av. Principal y calle 10.ª) desde los años 80 ha sacado de apuros a muchas cocineras cuando les faltó un ingrediente para el almuerzo, y su vereda es hasta hoy el punto de encuentro de la vecindad para refrescarse con unas cervecitas después de hacer deporte. Para los jóvenes y los que no lo somos tanto, pero que buscamos un momento de relax en un ambiente sencillo y casual para comer algo ligero, tomar un café de calidad y bien preparado, no hay nada como Comuna Café (av. Principal y calle 12.ª).

En estos tiempos ya sea por seguridad, por moda o por comodidad, muchos vivimos aislados del contacto con la gente, metidos en urbanizaciones en donde la única opción para llegar a algún lado es subirnos a un carro, cumplir con la visita, almorzar o cenar y luego regresar rápidamente al encierro"

Media cuadra más adelante, justo en la parte baja del monasterio de Las Carmelitas se encuentra el centro comercial Los Ceibos. En este lugar que tiene varias décadas funcionando y ha sido la plataforma de presentación de algunas buenas propuestas gastronómicas (la más recordada es La Pizarra) es donde nace Monpatíu, un espacio que da rienda suelta a la creatividad de su chef Emma Esteves.

Y es que esta cocinera que se especializó y vivió algunos años en Argentina ya había demostrado su talento artístico cuando lanzó The Food Packer, una marca de delantales, portacuchillos y otros productos para cocineros profesionales con divertidos y variados diseños. Nunca alejada de la cocina y esta vez sumando los conocimientos de marketing y publicidad de su hermano John Aguirre, inician juntos un emprendimiento en el que toda la familia participa.

Decorado con sencillez pero con elementos acogedores que concuerdan con un concepto informal y que también se ve reflejado en su menú. Sánduche en focaccia preparada en casa con milanesa de berenjena a la napolitana y mozzarela gratinada ($ 8,50) o una ensalada fresca de camarones a la plancha en vinagreta acebichada, son un par de opciones como para empezar ($ 8).

Hay piqueos para los que gustan de largas conversaciones con vino, también platos con langostinos ($ 12) y costillas en reducción de Malbec ($ 15,50), pero la máxima de la chef es la degustación de sus pastas de autor ($ 18,50), una combinación fantástica de cuatro platos full de sabores y texturas.

Canelones de camarón y maduro, con crocante de chifle y bañados en salsa de maní. Sorrentinos en tres presentaciones, rellenos de chorizo, pimientos morrones y salsa chimichurri. Otro de remolachas asadas, rellenos de ricota y salsa de naranja con ajo. Y finalmente la estrella, relleno de fritada, puré de maduro y bañado con reducción de naranjilla. No se lo pierdan. (O)