Supieron levantarse en estos duros tiempos marcados por el covid-19 para emprender proyectos exitosos que les generan impactos positivos. Sus experiencias demuestran que las semanas de reclusión pueden generar crecimiento y esperanza. Su estrategia fue atreverse a intentarlo.

Coro Infantil Municipal Juan Pueblo: el coro que no hizo pausas

Desde los muros de Facebook de varias familias se reproduce el video de una sesión virtual: una treintena de niños más su maestra cantan “Que por siempre haya cielo, que por siempre haya sol, que por siempre esté mami, que por siempre esté yo”.

El Coro Infantil Municipal Juan Pueblo no tuvo pausas durante la cuarentena este 2020. “Apenas se decidió que las actividades presenciales tenían que parar, nos acogimos al teletrabajo”, cuenta la directora y soprano guayaquileña Beatriz Gil.

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“No se puede permitir que la música se plante; el arte es el corazón del ser humano y, por ende, de la tierra. No puede suprimirse. La música es el alma”.

Así que en ese afán, se hizo un llamado a audiciones a principios de abril. “Fue quizá igual que lo presencial, se hace una prueba por videollamada, y si el niño tiene coordinación, audición y afinación para cantar, ingresa”.

Los coristas ensayan dos veces a la semana, hora y media. El proceso comprende ejercicios de respiración y concentración. “Si pensamos en respirar, nos abstraemos incluso de las situaciones en las que estamos inmersos”, dice Gil, quien complementa con ejercicios vocales para extender el diapasón.

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Las canciones se aprenden por partes. Los niños reciben la letra y una pista para practicar. Una vez que han dominado sus partes, graban un video con ayuda de sus padres y lo envían. Posterior a eso hay una sesión de edición con el director asistente, Jatniel Santos. “Los niños lo han asimilado bastante bien”, considera Gil. "No es una cuestión rápida, pero lo hemos logrado con mucho éxito”.

Es, agrega, una forma de alejar a los chicos de una realidad muy dura, y de darles una visión diferente del mundo, al escuchar otros tipos de música, clásica, contemporánea, otros coros de niños. “Ahora estamos con Plan Futuro, que nos permitió reunirnos con el coro infantil de Kuala Lumpur” (ayer, 25 de julio). "Ellos nos mostraron parte de la cultura de su país, nos enseñaron una canción malasia y nosotros les presentamos una canción ecuatoriana”.

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Otros planes, en cambio, quedaron postergados, como una invitación al Festival Internacional de la Primavera de Trujillo, en Perú. Gil espera que ese tiempo sea recuperado, “cuando sea prudente y haya posibilidad de regresar. Ninguno de nosotros cambia lo presencial por lo virtual. Es el trabajo continuo el que rinde frutos”. Pero la fascinación de los niños por el canto permanece, piensa la directora, junto con la disciplina y la puntualidad, aun a través de la videocámara. “El trabajo, aunque sea a la distancia, vale la pena”.

¿Cuántas generaciones de niños Juan Pueblo hay? “Es un coro de 21 años. Hoy encuentro a chicos que siguen cantando, se dedicaron a la música o a la danza. El coro marcó su vida”.

El coro, ahora con 32 integrantes, y originalmente creado para llegar con instrucción musical a los niños de los Centros de Atención Municipal Integral (CAMI), tiene audiciones abiertas para aspirantes de 8 a 12 años, comunicándose al 099-182-0646. (D. V.)

Lado Posi: Buena actitud con esperanza

Esta iniciativa nació en los inicios de la cuarentena, cuando los medios de comunicación repletaban sus espacios con los acontecimientos negativos que golpeaban a la ciudadanía debido al COVID-19.

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“Diariamente recibíamos noticias de fallecidos, muertos en la calle y, simultáneamente, mi padre sufría un cáncer terminal. Con una pandemia encima fue muy difícil conseguir especialistas que lo atiendan”, indica el guayaquileño Daniel Noblecilla, creador de Lado Posi, quien entonces decidió no abrumarse, sino disfrutar cada momento que pueda junto con su progenitor y agradecerle a la vida por aún tenerlo junto a él.

Allí se dio cuenta de que toda historia tiene dos lados. “Quiero darle a la gente un mensaje de esperanza diciéndole que nosotros podemos tener un problema, pero lo importante es la actitud que pongamos”.

Noblecilla es un comunicador social especializado en marketing que, para masificar este mensaje, contactó a todos los colegas que conoce para crear campañas e incentivar a las marcas a que sus mensajes sean positivos y ofrezcan esperanza. “Buscamos que la sociedad sepa adaptarse de manera rápida a los cambios que vienen y, sobre todo, ser un espacio que comunique las cosas buenas que también suceden”.

Abrieron una cuenta de Instagram (@lado.posi) y otra en Facebook (@lado.pos) para compartir noticias positivas, además de imágenes y videos que resalten aquello beneficioso de la cuarentena, como reconectarse con la familia o con Dios, o disfrutar de un hobbie o buscar un estilo de vida más saludable.

Tres miembros de la iniciativa Lado Posi: desde la izquierda, Gabbo Rojas (Argentina), Ile Miranda y Daniel Noblecilla. Foto: Cortesía.

Algunos de sus colegas más cercanos a esta campaña son Gabbo Rojas (Argentina), Ile Miranda, Ana María Calero, Pamela Crespo, Claudia Drouet, Daniel Adum y Andre Gamio, con quienes ha conseguido visibilidad suficiente para tener contacto internacional con la ONU y con seguidores de Argentina, México y Perú. “Ahorita estamos por volver a lanzar la iniciativa y a continuar con mensajes positivos respecto a la etapa en que vivimos”. (M. P.)

Christel Romero: Ejercicio que alivia el estrés

Permanecer en casa durante la cuarentena no fue una molestia para Christel, de 31 años, y mamá de dos niños: Fernandito, de 7 años, y Gisele, de 2 años. Quedarse en familia y junto con su esposo la tranquilizaba, pero el estrés por las continuas malas noticias sí se disparó. “Al ver que el número de contagios aumentaba, me deprimía, lloraba, pasaba ansiosa, hasta el punto de creer que estaba contagiada. Por eso decidí dejar de ver noticias y redes sociales”, relata. El otro desafío fue organizarse para cumplir con su familia y con su trabajo. “Debía tener actividades para distraer a mis hijos, teletrabajar y encargarme de las cosas de la casa. A mis hijos les costó mucho el aislamiento porque estaban acostumbrados a salir y empezaban a desesperarse y me tocó acudir a la tecnología o comprar materiales de manualidades para que se entretengan. A mi esposo y a mí nos costó mucho, empezamos a dividirnos las tareas y él se encargaba de los niños, mientras yo trabajaba y hacía las cosas de la casa. Pasaron muchas semanas para acoplarnos a esta nueva realidad’.

Pero en ese caos encontró el espacio para cuidar de sí misma, física y emocionalmente. “Hace tres meses empecé a ejercitarme, porque sentía que el estrés me estaba enloqueciendo y además noté que me estaba engordando. Me probé uno de los pantalones de la oficina y fue un problema subir el cierre y cerrarlo. En ese momento me dije: esto no puede seguir así y empecé a buscar opciones para ejercitarme y cambiar mi alimentación”.

Lo más difícil fue encontrar un horario para hacer sus rutinas y mantener las responsabilidades de mamá, esposa, ama de casa y ejecutiva. “Pero decidí darme un tiempo solo para mí y ese espacio se convirtió en mi hora sagrada. Mi esposo pensaba que era emoción de una semana y lo abandonaría; sin embargo, cuando vio que esto iba en serio decidió apoyarme con los niños y darme una hora diaria para mi entrenamiento. Me ayudó a controlar mi nivel de estrés, mi estado de ánimo, a manejar mejor el teletrabajo, a tener más energía, y tomar con mejor actitud los problemas. El cambio ha sido tan radical que mi esposo me pide que entrene un día más a la semana porque mi energía es totalmente distinta”. ¿Su motivación? Todos los beneficios que el ejercicio le ha dado a su vida y obviamente los resultados que reflejan en su cuerpo. (D. J. L.)

Leonardo: Ahorro y amistad

"Soy entusiasta de la cocina desde hace algunos años, pero con la cuarentena aprendí a no desperdiciar alimentos, incorporé alimentos más sanos a mis comidas y lo mejor, la amistad con un amigo vecino se estrechó aún más", dice Leonardo, quien no sigue recetas sino los conocimientos culinarios dejados por su madre. Junto con uno de sus vecinos decidieron unir alimentos de sus respectivas alacenas para que haya menos visitas al supermercado cuando la pandemia empezó en Guayaquil. "Al inicio estábamos muy asustados porque pensamos que habría escasez de alimentos, no se nos ocurría siquiera visitar un supermercado, por eso decidimos compartir los alimentos que aún teníamos en nuestras refrigeradoras y alacenas. Yo era el encargado de cocinar. Con este temor aprendí a usar todos los alimentos, casi cero desperdicio de legumbres, especialmente. Cualquier cosa era rescatable con tal de no salir de casa. Yo aprendí a usar más lentejas en ensaladas, fréjoles, legumbres, arroz integral, tomates y veterabas, incluso en los jugos de frutas. Cuestiones que nunca había hecho".

Esta interacción entre Leonardo y su vecino también se consolidó en una mejor amistad. "Nos reuníamos a almorzar y conversábamos de muchas cosas, antes salíamos a almorzar, pero solo a restaurantes. Allí conocí más a mi amigo y él probó comida preparada por mí, algo que solo había ocurrido una o dos veces. Mi vecino alaba mi sazón hasta ahora. Estar encerrado ayudó a que me arriesgue más con la combinación de alimentos, porque cocinaba con lo que tenía, si algo me faltaba me decía no importa, tengo lo de acá y el resultado siempre fue muy bueno". (A. C.)