*Jane E. Brody, columnista de Salud

El año pasado, en una columna titulada La pérdida auditiva amenaza la mente, la vida y las extremidades, resumí el estado actual del conocimiento acerca del torrente de efectos nocivos para la salud relacionados con la pérdida auditiva no tratada, un problema que afecta a casi 38 millones de estadounidenses y, de acuerdo con dos estudios recientes exhaustivos, aumenta el riesgo de sufrir demencia, depresión, caídas e incluso enfermedades cardiovasculares.

Con el conocimiento de que mi propia audición deja mucho que desear, la investigación que realicé para esa columna me motivó a hacerme un estudio adecuado de audiología. Los resultados indicaron que un aparato auditivo bien adaptado podría ayudarme a escuchar mucho mejor en el cine, el teatro, los restaurantes, las reuniones sociales, los auditorios e incluso en los vestidores, donde el ruido de las secadoras de cabello y de manos, así como los escurridores de trajes de baño a menudo desafían mi capacidad de conversar con mis amigos que hablan a bajo volumen.

Publicidad

La pérdida auditiva es un proceso continuo que comienza con la audición perfecta en cero decibeles (el sonido que genera un alfiler al caer).

Eso fue hace seis meses, y aún no he regresado para que me den el aparato auditivo que me recomendaron. Sin embargo, ahora tengo una nueva fuente de motivación. Un amplio estudio ha documentado que, incluso entre personas que tienen una audición normal, los que tienen una audición un poco más deficiente pueden experimentar déficits cognitivos.

Eso implica una menor capacidad para obtener buenos resultados en pruebas de función cerebral, como vincular números con símbolos dentro de un periodo de tiempo específico. Lo más probable es que usted quiera maximizar y mantener su función cognitiva: su capacidad de pensar claramente, planear racionalmente y recordar de manera precisa, sobre todo conforme envejezca.

Un factor en las demencias

Aunque bajo circunstancias normales las pérdidas cognitivas ocurren gradualmente conforme envejece la gente, lo más sabio sería minimizarlas y retrasarlas tanto como sea posible y, al hacerlo, reducir el riesgo de padecer demencia. Ahora se sabe que la pérdida auditiva es el factor de riesgo modificable más grande para el desarrollo de demencia, pues supera al del tabaquismo, la alta presión sanguínea, la falta de ejercicio y el aislamiento social, de acuerdo con un análisis internacional publicado en The Lancet en 2017.

Publicidad

Publicidad

El análisis indicó que evitar o tratar la pérdida auditiva en la mediana edad tiene un potencial del 9 % de disminuir la incidencia de la demencia.

Los déficits cognitivos ocurren en todas las pérdidas auditivas por encima del cero.

La dificultad para escuchar puede afectar el funcionamiento del cerebro, pues mantiene a la gente socialmente aislada y rodeada de estímulos inadecuados del entorno auditivo. Cuanto más difícil es para el cerebro procesar el sonido, más debe trabajar para entender lo que escucha, lo cual agota su capacidad de desempeñar tareas cognitivas. La memoria también se ve afectada. La información que no se escucha claramente afecta la capacidad del cerebro para recordarla.

Publicidad

¿Qué es la audición perfecta?

Actualmente, el nivel de sonido de 25 decibeles –la capacidad de escuchar un susurro– se usa para definir la frontera entre la audición normal y la pérdida auditiva leve en los adultos.

No obstante, ese umbral es arbitrario. El autor principal del estudio, Justin S. Golub, otorrinolaringólogo del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, halló que la pérdida auditiva es un proceso continuo que comienza con la audición perfecta en cero decibeles (el sonido que genera un alfiler al caer), con déficits cognitivos que ocurren en todas las pérdidas adicionales por encima del cero.

De hecho, la caída más grande en la capacidad cognitiva ocurre en el nivel más ligero de la pérdida auditiva, un declive desde el cero hasta el nivel normal de 25 decibeles, mientras que las pérdidas cognitivas más pequeñas ocurren en los déficits auditivos de 25 a 50 decibeles.

Como lo señaló Golub: “Solo el 25 % de las personas mayores de 80 años usa aparatos auditivos, pero el 80 % de ellos tiene una pérdida auditiva importante” que podría mejorar muchísimo con los aparatos.

Publicidad

Protección desde la infancia

Los nuevos hallazgos que relacionan el declive cognitivo con la pérdida auditiva incluso mínima indican que podríamos hacer mucho para proteger nuestros cerebros si cuidamos nuestra audición. El hecho de que las pérdidas cognitivas mensurables ocurran a niveles de audición de menos de 25 decibeles, y que la cognición empeore conforme disminuye la audición, sugiere que la protección de la pérdida auditiva debe comenzar en la infancia.

“Con la gente que tiene muy buena audición debemos estar conscientes de cómo los cambios tempranos en la audición afectan al cerebro”, dijo Frank Lin, director del Centro Coclear para la Audición y la Salud Pública en la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. “Sin duda, la medida más importante para preservar la audición es protegerse del ruido”.

Oídos desprotegidos

Las dos características del ruido asociadas con el daño más grande a la audición son la intensidad —es decir, el ruido– y la duración, o el periodo durante el cual los oídos desprotegidos están expuestos a un sonido muy fuerte, explicó Lin en una entrevista, y exhorta a la gente que escucha música con audífonos o auriculares a que inviertan en unos que tengan función de cancelación de ruido para bloquear el sonido del ambiente. Eso permite que escuchen su música o programas preferidos con un volumen más bajo y menos dañino.

Frustración y trastornos físicos

El doctor Fernando Sancho Herdoíza, otorrinolaringólogo y cirujano facial, explica que las dificultades auditivas provocan frustración en quienes las padecen, "y esta situación desemboca en ansiedad, estrés, depresión y trastornos cardiovasculares y digestivos, además de las dificultades para interrelacionarse con su entorno familiar y social".

¿Cómo detectarlo en alguien cercano? Es momento de una valoración auditiva si la persona:

  • Sube el tono de voz sin que sea necesario.
  • Pide que le repitan el diálogo.
  • Empeora estos síntomas en reuniones sociales o sitios de aglomeración.
  • Aumentan en exceso el volumen del televisor, radio o teléfono.