Cuando conocí a Ash Maurya, creador de la metodología Lean Canvas y una de las personas más influyentes para emprendedores e innovadores a nivel mundial, pude observar, entre otras características, que su más importante cualidad es la sencillez.

No se negaba a un autógrafo, foto o conversación con cualquier admirador, y gustaba de caminar por las calles para observar y entender la sociedad, pues es su forma de conectarse con las personas y categorizar sus problemas.  No en vano, su libro Running Lean cumplió 10 años y sus metodologías son ampliamente aceptadas en todo el mundo.  

¿Por qué es tan importante esta sencillez?  Porque es muy valorada, pero también requiere esfuerzo poder cultivarla.  

La sencillez es un valor que se construye sobre algunos pilares. El primero es la empatía, que es el interés genuino por comprender y sintonizar con la persona. En las consultorías que hemos realizado en HCG (Humane Consulting Group), se evidencia que los líderes inspiradores son aquellos que comparten sus conocimientos, conocen a sus colaboradores, y se interesan por su desarrollo. Pero, además, reconocen sus esfuerzos, se alegran con sus logros personales y valoran el aporte que realizan en cada proyecto.  

El segundo pilar es la formación intelectual. Una persona bien formada aporta y disfruta enseñando a los demás, añadiendo a su conocimiento la experiencia necesaria para volverse sabiduría. Por esto, las personas sencillas tienen esa capacidad tan particular de iluminar la verdad con explicaciones simples.  

El tercero y más importante pilar es la honestidad.  Este valor busca la verdad y debe marcar el propósito para que tanto la empatía como la formación intelectual consigan el bien en las personas. La honestidad se gesta en el seno familiar, pues se transfiere por la observación directa del comportamiento de los padres. Si queremos un ambiente donde se pregonen los valores, la familia debe ser el centro del cuidado de la sociedad en todas las formas posibles.

La sencillez es signo de nobleza y la cúspide de una serie de valores que dan, a quien la posee, una gran ventaja a la hora de conectarse e influenciar en los demás.

Pregonar su posesión o querer usarla para beneficio propio es un signo de carencia o presencia de soberbia. Más bien, la sencillez es como un buen perfume: se percibe a distancia, mantiene su efecto en cualquier situación y hace agradable el ambiente en el que la persona se encuentra. (O)