El café, aquella bebida cuyo aroma expresa acogida y calidez. Tomarlo en la mañana suele presentarse como un revitalizador del ánimo, en la tarde como un paréntesis en la actividad o un momento para aclarar el panorama.

No voy a conversar sobre sus variedades y sabores, mi papá lo hubiera hecho infinitamente mejor, pues fue un gran experto en el tema. Sin embargo, hoy me enfocaré en un efecto muy interesante que ocurre alrededor de esta tradicional bebida.

En una conversación con un grupo de ejecutivos se mencionó que, a la hora de comunicarnos, muchas veces abusamos de la comodidad que nos proporcionan los medios tecnológicos. Pregunté si tenían la costumbre de tomar un café con sus colaboradores para escucharlos. Las respuestas evidenciaron que en nuestro medio no es una práctica muy común.

Sin embargo, países como Suecia han instaurado una pausa en la jornada laboral conocida como fika, para que todos los colaboradores se encuentren en las cafeterías de las empresas. ¿Por qué harían esto?

No estoy en posición de cuantificar cuántas innovaciones se crearon, ni las disputas que se resolvieron, o los proyectos que vieron a la luz en el pequeño espacio de una mesa acompañados de un café. ¿Bebida milagrosa? Lamento desilusionarlos.

El verdadero milagro se produce cuando las personas tienen la oportunidad de interactuar, percibiendo sus gestos y observándose a los ojos para comprender sus emociones.

Esta comunicación personal ha sido, desde siempre, el mejor mecanismo de vivir ese anhelo de encuentro que todos tenemos. Ayuda a explicar con claridad las ideas, compartir experiencias, validar criterios y entender a los demás.

Promueve la empatía a la hora de felicitar, realizar una corrección o aliviar tensiones. Asimismo, no hay emoticón que pueda expresar todas las sensaciones que suceden cuando nos alegramos de los triunfos, nos sentimos comprendidos, solucionamos un problema, o sellamos un proyecto soñado.

También permite afianzar el liderazgo, pues transfiere tanto ideas como emociones en los equipos de trabajo. Es una herramienta poderosa para generar soluciones ágiles y efectivas basándose en la síntesis de las ideas de los miembros del equipo. Y, además, genera un buen ambiente laboral donde cada uno de los integrantes se siente escuchado y valorado.

Acercarse a conversar con su equipo de trabajo no toma mucho tiempo y genera una fuerte ventaja competitiva, puesto que los colaboradores comprometidos son mucho más enfocados en sus esfuerzos y comparten libremente sus ideas. Ahora, si se le hace difícil iniciar un buen diálogo, le puedo dar una buena sugerencia: hágalo con una tacita de café. (O)