La magnífica exposición de la obra de la guayaquileña Araceli Gilbert que se realiza en estos días en el Museo Nacional en Quito abre ventanas luminosas a la historia del arte moderno en el país. A mediados del siglo pasado, donde lo que se difundía artísticamente tenía que vincularse a mensajes políticos (por lo general ligados al indigenismo), Araceli pintaba líneas que se entrecruzaban con fogosos colores, desvinculándose radicalmente del ‘statu quo’ de esos tiempos.