Una biblioteca no es una bodega de libros. Tampoco es un lugar silencioso y muerto. Es un espacio vivo y dinámico donde adultos bien informados están dispuestos a incentivar la educación de los niños y niñas. Ese es un concepto lanzado por Rut Román, quiteña que junto con su esposo, Esteban Ponce, lideran la fundación y biblioteca A Mano Manaba, que funciona desde hace tres años en el norte de Manabí. Ambos tienen títulos de Ph. D. en literatura.

“Consideramos que la educación formal debe estar inserta en un contexto de educación informal. Esto quiere decir que los niños y niñas deben estar en ambientes no opresivos que permitan el desarrollo de la potencialidad de todos sin importar su género”, agrega, por ello brindan una especial atención hacia las niñas, al considerar que el Ecuador, y especialmente Manabí, tienen una estructura patriarcal que puede resultar opresiva para las pequeñas.

Tal cultura machista generalmente arrincona a las niñas a resignarse como asistentes de sus madres en labores de la casa hasta que adquieren un compromiso sentimental que las convierte en madres a temprana edad. Y, lógicamente, muchas veces nunca llegan a tener la oportunidad, apoyo o ambición de terminar el bachillerato o, peor aún, cursar una carrera universitaria.

Lógicamente, los niños varones también están incluidos en las sesiones de A Mano Manaba que cumple de lunes a viernes, de 09:00 a 11:00 y de 14:00 a 17:00; pero son las niñas quienes escogen a los compañeritos que participarán en las actividades junto con ellas. Ellas son quienes mandan, dice Rut.

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“Desde todo punto de vista es un desperdicio de recursos humanos que la mitad de la población mundial esté sometida a condiciones de servicio doméstico”. Y eso en el campo resulta más evidente. “Estamos convencidos de que las niñas de 10 a 12 años son el motor de ese cambio. Estamos empeñados en que tengan una educación de primera, y por eso resulta necesaria una biblioteca”.

La biblioteca de A Mano Manaba emprende actividades para que los pequeños adquieran la habilidad de comprender todo lo que leen, lo cual llega a volverlos autodidactas. “Aprenden a usar el diccionario, las enciclopedias y a despertar la curiosidad”. Así buscan desarrollar el gusto por la lectura. También por el respeto mutuo entre niños, niñas y adultos. “Aquí nadie levanta la voz”.

Premio internacional

Esta iniciativa ha recibido trascendencia global a partir del pasado jueves 17 de enero, fecha en que la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos entregara en Washington D. C. sus premios anuales al desempeño en alfabetización (Literacy Awards). La biblioteca comunitaria de la Fundación A Mano Manaba resultó galardonada entre los 15 proyectos del mundo en la categoría ‘Best Practices Honorees: Multigenerational Literacy’.

Esa ha sido una satisfacción más a una labor que tiene sus raíces en el 2012, cuando Rut y Esteban realizaron su primera visita a Don Juan en búsqueda de un lugar tranquilo para escribir artículos académicos, en una playa alejada de todo, ya que por esos años laboraban como profesores de literatura en la Universidad de Virginia (EE. UU.).

Así llegaron a conocer a James Madden, un biólogo estadounidense que cada tarde solía leerles libros con historias a los pequeños de la localidad. “Pero una tarde tocó a nuestra puerta para decirnos que debía mudarse a Quito y necesitaba que alguien lo reemplazara en esa actividad. Fue entonces cuando cambió nuestra vida, que estaba en la academia, para pensar en hacer algo positivo por esta comunidad”, indica Esteban.

Aquella primera sesión fue impactante, ya que se encontraron con una veintena de niños y niñas interesados por escuchar las historias que emanaban de aquellos textos. Ese fue el impulso para que decidieran regresar definitivamente al Ecuador, después de haber residido en Estados Unidos desde el 2001 (ambos eran parte de los migrantes que habían salido del país tras el feriado bancario).

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Con su retorno primero se asentaron en Manta y Guayaquil, donde laboraron en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí y la Universidad de las Artes, respectivamente. Pero su meta final era radicarse en Don Juan, lo cual consiguieron a inicios del 2016. Sin embargo, un mes después los sacudió el terremoto del 16 de abril. Su casa quedó destruida, al igual que varias de los vecinos, pero aquella situación resultó un aliciente para unirse de manera profunda a la comunidad en aquellos tiempos en que la solidaridad era imprescindible para superar aquel desastre.

“Muchos nuevos amigos se entusiasmaron por el proyecto. También llegó Domingo, un burrito que teníamos en ese momento, y que cargamos con libros para llevarlos a la playa a leerles a los niños y niñas”, cuenta Esteban. Y así empezó la historia de construir una biblioteca, que llegó a asentarse en una casa cedida por Madden.

Su actualidad

Tres años después, hoy cuentan con 4.000 libros, 8 computadoras, 7 tabletas, 6 cámaras fotográficas y, sobre todo, tienen un recurso humano bien capacitado y dedicado a los niños y niñas. Los acompañan en la realización de tareas, brindan clases de inglés, asistencia de matemáticas, capacitan a las maestras de la escuela local, dictan cursos de teatro, fotografía y taekwondo y cooperan con otras pequeñas bibliotecas que se han abierto en otros pequeños poblados de Manabí, como Estero Seco, Tabuga y Calceta.

Esa última actividad motiva su mayor necesidad en la actualidad: requieren adquirir un bus que equiparían con libros, material pedagógico y juegos para visitar otras comunidades. “El bibliobús nos permitiría transitar por los caminos vecinales de Manabí. Invitamos a todas las personas que deseen ayudarnos económicamente para cumplir este propósito. Nuestros costos operativos son bastante bajos, así que los aportes van directamente a la operación con los pequeños”, indica Rut, quien junto con Esteban y Myriam Rivas, una joven vecina que ayuda a catalogar los textos y realiza otras labores, reciben un sueldo básico ($ 394).

Para esta labor también cuentan con la ayuda de voluntarios extranjeros que llegan por periodos de dos meses para acompañar a los niños y niñas en sus actividades académicas. La belga Aureline Mossoux (25 años), profesora de literatura inglesa y española que trabajó en Madrid en una editorial, llegó a fines de enero. ¡Y habla perfecto español! Conoció este proyecto a través de la página web workaway.info, dedicada a promover el voluntariado internacional. “Me encanta que el proyecto brinda a los niños y niñas la oportunidad de salir un poco de los senderos comunes. Esta semana hicimos títeres. Primero leímos una historia y luego representamos la obra”.

En todo el 2018 han recibido una decena de voluntarios de Europa, Asia, Estados Unidos y Sudamérica. Y en marzo planean recibir una pareja de Australia. “Las parejas de voluntarios exponen otras maneras de ser hombre y de ser mujer”, dice Rut, ya que resulta común que el hombre se encargue de las labores domésticas, mientras que la mujer trabaja de cerca con las niñas.

¿Cómo se ven de aquí a 5 años? Rut aspira a que Myriam y otros miembros de la comunidad se empoderen completamente de la biblioteca, y así ambos quedarse como asesores de esta y otras iniciativas similares. Y los niños y niñas actuales sean los primeros jóvenes que sean parte de una nueva generación que goce de nuevas oportunidades para su futuro. Ese es el poder de los libros. Esa es la magia que entrega una buena educación.

Donaciones: Fundación A Mano Manaba, cuenta corriente 0230301451-9 de Produbanco. Plataforma global: Global Giving, proyecto # 25409.

Contacto: 098-592-9886, amanomanaba.org. (I)