Las calles de Guayaquil recolectan las historias de José, Manuel, Rosa, entre otros adultos y adultos mayores en situaciones vulnerables. Ellos llevan más de una década visitando puntos de encuentro en la ciudad, a la espera de los jóvenes voluntarios, quienes a pesar de la crisis sanitaria, no los olvidan.

La situación de “la gente de la calle”´, “el vaguito” y “la mendiga”, como son llamados, es un tema de larga data en Guayaquil, con causales diversas y condiciones individuales. Esta problemática, que se agudizó con la pandemia, debe ser atendida por las autoridades municipales; sin embargo, la ayuda también proviene de quienes han sentido el llamado de la vocación solidaria: los grupos de voluntariado.

Foto: Tammy Armijos

Existen varias asociaciones que asisten al colectivo en Guayaquil, con alimentos, vestimenta, insumos de protección contra el COVID-19 (ahora) como mascarillas y alcohol gel, y en ocasiones con una simple charla; entre ellos, el grupo voluntario Pan para mi Hermano que inició su labor en el 2002.

El primer encuentro de los voluntarios se da en la cocina, cuando el reloj marca las 07:00, donde un pequeño grupo prepara los alimentos y luego los almacena en tarrinas para poder distribuirlos. La forma de financiar los alimentos, explica Juan Pablo Córdova, coordinador general de la agrupación, se da a través de donaciones particulares de voluntarios y amigos, además de actividades que organiza el consejo.

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“Por la pandemia suspendimos las actividades desde marzo a mayo y tuvimos que reinventar la forma de hacer el servicio. Movimos las jornadas de jueves en la noche a sábados por la mañana. Convocamos a más voluntarios para garantizar el distanciamiento entre beneficiarios y definimos que la comida es siempre para llevar”, comenta Córdova.

Todas las semanas el grupo comparte más de 200 tarrinas dealimento con personas de escasos recursos en el centro de la ciudad. Foto: Tammy Armijos

Cuando las tarrinas de comida se completan, son llevadas al centro de la ciudad para entregarlas a los voluntarios en las calles 10 de Agosto y Chile, frente al parque Seminario; luego de recibir las instrucciones proceden a repartir, recordando los protocolos de bioseguridad: mantener una sana distancia de un metro, usar mascarilla de forma obligatoria, evitar contacto físico, en la medida de lo posible, y desinfectarse luego de la jornada.

Una vez repartidas las tarrinas, se les pide desalojar el área para evitar aglomeración en las veredas.

Todas las semanas, la asociación atiende a más de 200 personas de escasos recursos, incluyendo extranjeros, en el centro de la ciudad con una tarrina de almuerzo, acompañada de un folleto con la reflexión del evangelio de la semana, con la finalidad de apelar a su espiritualidad y motivarlos a no perder la fe pese a las circunstancias en las que se encuentren.

Guayaquil no se deja vencer, su gente se las ingenia para salir adelante incluso en tiempos de pandemia

El cupo máximo de asistentes a la jornada es de 25 voluntarios, quienes, inscritos previamente, se dividen en grupos y a cada uno se le asigna diez beneficiarios, que se encuentran esperando en las calles aledañas a la Catedral Católica Metropolitana de Guayaquil.

Los voluntarios católicos también comparten la palabra del Evangelio con los necesitados.

Aunque la situación sanitaria impide el contacto cercano, los jóvenes se las ingenian para realizar actividades cortas durante sus jornadas, como cantos, lectura de algún folleto y una conversación breve sobre sus necesidades y aflicciones. Compartir es lo que esperan los beneficiarios cada jueves en la noche y sábado en la mañana; es una cita.

Preocupación por vacuna contra el COVID

Entre las conversaciones, lo que más preocupa a algunos, según sus relatos, es su incapacidad para inocularse contra el COVID-19, ya sea por falta de información, recursos o documentos para ingresar a los puntos de vacunación. Además, en caso de presentar síntomas luego de la inyección, no tener el dinero para la medicación frena su decisión de acceder a la vacuna. La edad como impedimento para conseguir empleo, la indiferencia social y la carencia de vivienda y alimentos son otros de los temas que comparten con los jóvenes que los visitan.

La labor solidaria por parte de esta y otras organizaciones de voluntariado es sin fines de lucro, la trinchera por parte de los jóvenes que brindan sus manos para ayudar se da en las veredas, las cuales acogen y arropan a los habitantes de la calle, los vendedores ambulantes, los migrantes sin techo y las madres sin empleo, quienes antes y durante la pandemia los esperan.

Foto: Tammy Armijos

Para sumarse a la causa con donaciones o manos para ayudar, pueden contactarse con la agrupación a través de sus cuentas en las redes sociales: Facebook e Instagram: @panparamihermano o inscribirse para las futuras jornadas a través del siguiente enlace: Jornada PPMH. (I)