La explanada del estadio Monumental Banco Pichincha vuelve a convertirse, como cada diciembre, en el epicentro de una de las actividades más esperadas por las familias guayaquileñas: la tradicional Feria de Juegos Artificiales.
La feria, que permanece abierta desde el 18 y se extenderá hasta el 31 de diciembre, acoge a miles de personas que llegan en busca de pirotecnia segura, espectáculos nocturnos y un ambiente festivo que ya se ha vuelto parte del calendario de fin de año en la ciudad.
La feria es organizada por Eduardo Azar, gerente de Pirotecnics Az Fireworks, que lleva 25 años en el mercado nacional y alrededor de trece impulsando este formato ferial.
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Así lo explicó Luis Mora, director de Comunicación del evento, quien destacó que la iniciativa nació con el objetivo de cambiar la forma en que la ciudadanía se relaciona con los explosivos tradicionales.
“Se buscó dejar atrás el uso de camaretas peligrosas y dar paso a productos más seguros, que reduzcan los accidentes, mutilaciones y muertes que se registraban años atrás. Hoy contamos con pirotecnia importada, certificada y controlada”, señaló Mora.
El impacto de la feria no solo es cultural, sino también económico. Según el organizador, más de 150 familias se benefician directamente de esta actividad y se generan alrededor de 2.000 empleos directos e indirectos, vinculados a la importación, distribución y comercialización de los productos.
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Actualmente, la feria cuenta con 38 puestos autorizados, ocupados por comerciantes que han participado durante más de una década y que pasan por procesos de acreditación y control.
La seguridad es uno de los ejes principales del evento.
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Mora explicó que la feria cuenta con el aval del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y el respaldo permanente de la Policía Nacional, la Agencia de Tránsito y Movilidad, y Justicia y Vigilancia del Municipio de Guayaquil.
“Se realizan operativos periódicos para garantizar que no exista ninguna anomalía y que el público pueda comprar con tranquilidad”, afirmó.
Además de la venta de más de 1.500 productos distintos, la feria ofrece espectáculos pirotécnicos todas las noches, el encendido del tradicional castillo y la llegada de Papá Noel, quien comparte con los niños y entrega sorpresas.
Cada año se estima una asistencia de entre 30.000 y 35.000 personas.
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Desde los puestos, los comerciantes coinciden en que las tradicionales tortas siguen siendo las más solicitadas.
Mayra Moya, vendedora del lugar, explicó que los precios se ajustan a todo tipo de presupuesto.
“Tenemos desde volcancitos y chispeadores económicos hasta tortas de 19 tiros, que son las que más se venden. La gente busca variedad y precios accesibles”, comentó.
César Guamán, del puesto número seis, señaló que también existe alta demanda por fuentes, bazucas y productos al por mayor. “Hay opciones desde las más económicas hasta juegos más grandes. Todo depende de lo que quiera celebrar cada familia”, indicó.
En tanto, Roberto Santana, del puesto número nueve, destacó que los artículos pequeños para niños son muy solicitados, aunque recordó que estos deben ser manipulados únicamente por adultos.
“Los precios van desde los $ 0,50 hasta productos de $ 200. A medida que se acerca el 31, la afluencia aumenta”, señaló.
Los organizadores reiteran el llamado a respetar las recomendaciones de seguridad: no permitir que niños manipulen fuegos artificiales y encenderlos únicamente siguiendo las instrucciones. (I)



















