Hay una vivencia personal que marcó la vida de Raquel Rodríguez Rivera de Grendy, fundadora de Narices Rojas Ecuador. A sus 19 años le diagnosticaron una enfermedad crónica incurable: miastenia gravis (afecta a los músculos). En ese entonces, los médicos le practicaron una operación a corazón abierto para extraerle un tumor en la glándula del timo que se hipertrofia.

Entre diagnósticos, intervención quirúrgica y recuperación debió permanecer dos meses y medio en un hospital, incluida una semana en cuidados intensivos, observando morir a varios a su alrededor.

La verdad pensé ¿cuándo me tocaba a mí?, además de eso en este proceso doloroso también viví mucha deshumanización hospitalaria, con médicos insensibles, algunos no, otros sí...”, dice la actriz, de 52 años, que tiene presente ese episodio de su vida al contar el inicio de la organización Narices Rojas Ecuador.

Por el aniversario 15, el cabildo de Guayaquil reconoció días atrás la labor de Rodríguez, aquella -como ella lo cuenta- de llevar luz a lugares grises y transmitir un mensaje de esperanza, amor y juego, “desdramatizando” el ambiente triste por alegría.

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Rodríguez, que lleva más de tres décadas de experiencia como actriz en el ámbito local e internacional, agrega que la idea de Narices Rojas Ecuador empezó en el 2003 al conocer la labor de los payasos hospitalarios de la organización Bolaroja, proyecto de Perú inspirado en el médico Patch Adams.

Cuando ella observó a ese grupo de clowns llevar alegría y esperanza a un orfanato y una casa de salud llegó la inspiración: se unieron su pasión por la actuación y su sentido humanitario.

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Así empezó con amigos teatreros para un primer taller inicial de clowns hospitalarios, con bastante asesoría de Wendy Ramos, de Bolaroja, luego siguió con un primer encuentro internacional de payasos clínicos que tuvo de invitado al reconocido médico Patch Adams (vino tres años seguidos, 2006, 2007 y 2008) y ahora sigue abriéndose camino en hospitales, barrios, zonas de desastres e incluso impartiendo capacitaciones en empresas.

Raquel Rodríguez, de Narices Rojas EC. Foto: Cortesía

Al principio, relata Rodríguez, trajo a su maestro de Argentina, Víctor Stivelman, y fundó la primera escuela de improvisación y clown de Guayaquil para dar paso a la organización Narices Rojas, que ya lleva 16 promociones en el arte de clown terapéutico.

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“A mí me hubiera encantado que un payaso vaya a visitarme, a jugar conmigo, abrazarme, a un momento para que me olvide de que me podía morir, de que estaba en esta situación de la operación riesgosa y podía perder la vida”, dice y asegura que su trabajo va más allá de contar chistes y usar indumentaria de payaso, ya que están capacitados con herramientas profesionales, empleando el método de Bienestar y Alegría.

Mientras se moviliza hacia Playas para un retiro de fin de semana con un grupo de clowns, la guayaquileña recuerda lo alcanzado con Narices Ecuador.

A lo largo de estos años, Narices Rojas Ecuador ya ha dejado huella en 350.000 personas en visitas en las que realizan sesiones del método Bienestar y Alegría (Laughter Wellness) y además intervenciones lúdicas con magia, música, improvisación, narración oral o teatro.

Por otra parte, han llegado a impactar positivamente en la frontera colombo-ecuatoriana en compañía de Payasos Sin Fronteras de Estados Unidos y además en la zona cero del terremoto de abril del 2016 en la Costa ecuatoriana. Aquello lo resalta orgullosa.

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En el caso de instituciones o empresas, llevan adelante talleres para mejorar la actitud de las personas. ”Al colaborador le llevamos en un proceso de concientización de su salud emocional, cómo mejorar su estrés, la resiliencia, entonces tenemos un colaborador más feliz”, dice sobre la certificación (RISO-9000) que otorgan a colaboradores de empresas.

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En el 2015, Raquel se enamoró y emprendió el proyecto personal de tener una familia con Sebastián Grendy. Actualmente reside en Pasadena, California, desde donde se mantiene ligada el trabajo de Narices Rojas Ecuador, organización que en plena pandemia siguió operando por medios digitales, principal canal de comunicación de ella con su equipo.

Así siguieron llevando alegría a 5.000 personas en la época de cuarentena. “Esto significa mi vida, lo que me gustaría hacer hasta el fin de mis días, deseo con todas mis fuerzas dejar un legado, que la gente que está en la fundación siga”, recalca la actriz que suele viajar periódicamente a Ecuador para visitar a sus padres y a su familia de Narices, además de ir por la comida local, sobre todo el bolón y los mariscos, que son parte de lo que más extraña de su tierra.

Los payasos de narices rojas llevan luz a lugares grises, con su nariz roja llevan un mensaje de esperanza, amor y juego, desdramatizando ese ambiente triste y llenándolo de más alegría

Raquel Rodríguez, fundadora de Narices Rojas Ecuador
Raquel Rodríguez con sus compañeros de la Universidad del Sur de California. Foto: Cortesía

En el país norteamericano, la guayaquileña trabaja como clown hospitalaria de la Universidad del Sur de California, además con su pareja colabora en la Escuela Latinoamericana de Bienestar y Alegría (ELBA) para impartir talleres en escuelas, empresas y comunidad latina; y es parte del equipo de instructores de uno de los institutos más prestigiosas de Los Ángeles, The Clown School (Escuela de Payasos).

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Actualmente, en la institución de educación superior californiana participa en un estudio del impacto de los payasos hospitalarios en 60 niños con cáncer.

“Realmente, el trabajar con americanos y que reconozcan mi trabajo, la primera latina que ha estado con ellos, el corazón se me hace chiquito, eternamente agradecida, ha sido una oportunidad muy grande poder colaborar”, cuenta la guayaquileña.

Mientras tanto, en Ecuador, ella busca encaminar nuevos proyectos con Narices. Una de sus metas es tener una casa o sede de la organización, ya que regularmente son nómadas al dar talleres en los lugares donde se ubican los beneficiados.

Para ello, además aspira a contar con un staff fijo de planta y remunerado, para seguir llevando alegría y esperanza a distintos lugares y a su vez consolidar a ese grupo como instructores de más payasos humanitarios con el propósito de multiplicar su labor en hospitales locales y más rincones del país. También revela que, en paralelo, Narices Rojas sin Fronteras va constituyéndose en su lugar de residencia, con su iniciativa.

Son quince años remando este barco y por eso necesito la ayuda de autoridades, del Municipio, de todos para poder tener la casa de Narices y poder seguir soñando en que podamos humanizar a las personas para que se conecten con su fuerza interior y hagan la mejor versión de sí mismos”, dice la actriz conocida como Raketa en el ámbito artístico.

En ese lugar aspira a que la organización, que actualmente cuenta con 50 voluntarios (clowns), ofrezca capacitaciones de bienestar y alegría para trabajar en salud emocional, ofrecer talleres de desarrollo personal con la comunidad, además de la instrucción de nuevos payasos humanitarios.

Justamente, el taller de Playas era parte de ese plan que delinean en el retorno presencial de voluntarios desde este mes en cinco hospitales: Francisco de Ycaza, León Becerra, IESS Los Ceibos, Solca y Abel Gilbert Pontón (Guayaquil).

Dato

Rodríguez es actriz, directora de teatro y maestra certificada del método de Bienestar y Alegría (Laughter Wellness), adicionalmente ha seguido una serie de especializaciones sobre improvisación, narración, oral, clown, entre otros temas. (I)

Raquel Rodríguez, fundadora de Narices Rojas, durante una actividad en Guayarte. Foto: Cortesía