Los meses más críticos de la pandemia los golpearon en el plano laboral, pero tomaron la decisión de aprovechar su conocimiento culinario y emprender en el sector alimenticio, aún en un escenario en el que existía incertidumbre.

María José García y Omar Jurado son una pareja guayaquileña que vio en la elaboración de salsas una alternativa para generar ingresos. Ahora, en el marco de la celebración del Día del Trabajo, la pareja recuerda como inició su negocio, lo que los impulsó a crear una marca que hasta el momento mantienen y se comercializa a escala nacional.

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En 2020, con la llegada del COVID-19, la pareja perdió su principal fuente de ingresos. En el país, entre marzo y diciembre de ese año, según el Ministerio del Trabajo, 625.396 actas de finiquito se legalizaron. De esa cifra, Guayas concentró 185.518.

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María José laboraba de forma independiente brindando servicios de catering y como asesora de tesis y proyectos, mientras que Omar era bajista de la banda Red Case. Ambas actividades se frenaron con el encierro.

Para solventar gastos, la pareja se endeudó con tarjetas de crédito, pero esta alternativa llegó a un punto en el que se les hizo insostenible. Los gastos en casa superaban lo que se podía cubrir con los plásticos.

Fue en ese momento de quiebre cuando se plantearon vender las salsas, dips y piqueos que usualmente realizaban para reuniones familiares o de amigos. “Nos decían que vendiéramos, pero nunca lo consideramos en su momento”, cuentan.

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Su historia empezó en enero de 2021, cuando las restricciones por los contagios de COVID-19 seguían vigentes.

Ese mes, el país enfrentaba una nueva ola de hospitalizaciones por esta enfermedad, y el Gobierno, con el fin de reducir las aglomeraciones de personas debido a la preocupación que había generado la mutación del coronavirus reportada en Reino Unido, aplicaba un estado de excepción con toque de queda.

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La pareja se lanzó a crear un producto que pudiera disfrutarse en familia y en reuniones que aún se mantenían en casa.

Un par de meses antes de lanzar la línea de productos bajo la marca Flor de Fuego, en 2020, la pareja pasó mucho tiempo en la cocina perfeccionando recetas. Omar mejoró la preparación del ají que hasta el momento ofrecen, guiado por María José, quien es ingeniera comercial y tiene estudios hechos en La Escuela de los Chefs.

“Pasamos de venderles a amigos a enviar productos a Quito, a Loja e incluso a Canadá”, relatan los emprendedores, que ofrecen salsas de ají clásico, chimichurri, queso y una criolla tipo argentina.

La línea gráfica del producto fue creada por Arlette Triviño, una amiga de la pareja que es diseñadora. Y el nombre fue elegido entre Omar y María José.

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Las redes sociales han empujado su crecimiento. Flor de Fuego tiene 882 seguidores que consiguieron de forma orgánica. Los influencers también han aportado a que el negocio se mueva.

La parte dura de emprender, afirma María José, es la obtención de permisos y la competencia que existe dentro del sector de alimentos. Los esposos trabajan duro para consolidar el emprendimiento.

“Hay que seguir reglamentaciones, parámetros e invertir para que crezca. Esa es la cuestión. Ahí es cuando muchos se quedan atrás”, manifiesta.

La pareja ahora mira hacia atrás y asegura que la decisión arriesgada que tomaron en su momento ahora les permite tener cierta holgura financiera.

“Emprender en este mercado es difícil y requiere tener metas claras y cumplir reglamentaciones, pero cuando existe la voluntad será más llevadero buscar nuevas ideas y probar productos nuevos”, puntualizan. (I)