El incendio que afectó a un edificio Multicomercio ubicado en la intersección de las calles Eloy Alfaro y Cuenca, en el centro de Guayaquil, fue controlado luego de 36 horas de intensas labores, según informó el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil.
Aunque las llamas ya no representan una amenaza activa, persisten dos focos de temperatura en el interior de la estructura que, según el mayor Julio Jalón, no son “tan graves”, pero siguen siendo un factor de riesgo debido a la complejidad del acceso.
Durante la tarde del miércoles, dos de las cinco torres que conforman el predio se desplomaron, generando un escenario de alto riesgo para rescatistas, residentes y transeúntes.
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Este desplome obligó al desalojo preventivo de alrededor de 100 familias que vivían en el edificio y en zonas aledañas, muchas de las cuales perdieron viviendas, negocios, oficinas, vehículos y pertenencias personales.
El drama de los trabajadores afectados
Entre los más afectados no solo están los residentes y comerciantes, sino también el personal que por años trabajó en el lugar.
Ocho trabajadores (seis de seguridad y dos de limpieza) quedaron sin empleo de manera repentina, tras casi dos décadas de servicio continuo en el edificio.
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Darwin Barco, guardia de seguridad con cerca de 20 años de trayectoria en el inmueble, relató que se encontraba de turno la noche previa al incendio y que no se registró ninguna novedad.
“Todo estaba normal. Yo salí en la mañana y el incendio empezó alrededor de las 07:30. En ese momento solo estábamos dos compañeros por turno. Gracias a Dios, no hubo personas heridas”, expresó visiblemente conmovido.
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Explicó que el edificio que custodiaba funcionaba como un espacio de oficinas, consultorios y departamentos, aunque señaló que en algunos pisos se almacenaban mercaderías, muchas de ellas materiales plásticos altamente inflamables.
Barco sostuvo que la pérdida no es solo material, sino laboral y emocional.
“No perdimos cosas económicas porque somos seguridad, pero perdimos nuestro trabajo, que es el sustento de nuestras familias. Somos ocho personas afectadas. Tenemos hijos, nietos, responsabilidades. Casi 20 años de nuestra vida se quedaron aquí”, dijo.
En la misma línea se pronunció Jorge Luna, otro de los trabajadores con más de dos décadas de servicio en el edificio.
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“Somos seis de seguridad y dos de limpieza. Nos quedamos en la calle, sin ayuda, sin nada. Muchos ya pasamos los 50 o 60 años. ¿Quién nos va a dar trabajo ahora?”, manifestó.
Con voz entrecortada, pidió apoyo a las autoridades y a las instituciones correspondientes.
“Necesitamos un trabajo, un sueldo, un subsidio mensual, algo que nos permita sostener a nuestras familias mientras se soluciona la situación del edificio. Somos la cabeza de nuestros hogares y hoy todos dependemos de la incertidumbre”.
Luna también expresó su preocupación por el futuro. “Yo ya pensaba en jubilarme, y de pronto llega esta desgracia. Todo el personal está destrozado. Estamos en el limbo, esperando a ver qué pasa. Si el edificio se cae o lo demuelen, ¿qué va a ser de nosotros?”, cuestionó.
El incendio no solo dejó una estructura debilitada y un sector del centro urbano en alerta, sino también a un grupo de trabajadores sin su fuente de ingreso.
Mientras los equipos de emergencia evalúan la estabilidad del inmueble y el riesgo de nuevos colapsos, las voces de quienes trabajaron durante casi 20 años en el edificio reflejan una realidad paralela: la de personas que, sin haber perdido una vivienda, lo perdieron todo en términos de trabajo, estabilidad y seguridad económica.
Las autoridades han remarcado que una vez que culminen las tareas de extinguir el incendio será necesario un estudio técnico para la posterior demolición de la estructura.
A la par, el Ministerio de Desarrollo Humano habilitó un formulario web para que se registren personas afectadas por el incendio del edificio. Por medio de ese portal se pretende levantar información y canalizar las ayudas sociales respectivas. (I)





























