El negocio de venta de tortas, dulces y galletas decoradas de Dora y su esposo iba en la senda de crecimiento hasta octubre del año pasado. A mediados de 2020, en plena pandemia por el COVID-19, la pareja se lanzó a emprender por redes sociales e incluso ella dejó su trabajo formal a finales de ese año porque logró una cartera fuerte de clientes.

En sus inicios, Dora enlazó un número a la cuenta de Instagram del negocio y en Facebook publicaba artes con su contacto personal para masificar su alcance en Guayaquil.

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El emprendimiento iba bien, en crecimiento, tanto que optó por habilitar un nuevo número de contacto (para retirar el personal) destinado solo a la pequeña empresa. Los dos números le funcionaron para captar más clientes.

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El plan para el primer semestre de 2023 era abrir una local físico para, además de vender por redes sociales, tener un punto de venta para sus productos.

Sin embargo, este plan se descartó cuando en mayo de este año recibió el primer mensaje de amenaza al número de su negocio que estaba anclado a Instagram. Le solicitaban $ 300 semanales, amenazaban con hacerle daño a su familia y colocarle un explosivo en el local (que aún no tenían).

“Me di cuenta de que era un mensaje amenazante, pero que hablaba de un local que aún no teníamos, que estaba en planes”, dijo Dora, quien luego de recibir el mensaje bloqueó el contacto.

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Las ventas en el emprendimiento continuaron y, pasado septiembre, ya tenía agendado pedidos para octubre y diciembre.

Fue en octubre cuando recibió otro mensaje de amenaza a su número personal, que no estaba anclado a ninguna red social, pero que sí lo había difundido cuando recién empezó el negocio.

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“Me preguntaron primero si este era el número del emprendimiento para hacer el pedido de una torta, yo al responder que sí inmediatamente me mandaron el mensaje a nombre de Los Águilas, diciendo que me tenían chequeada, que no querían que pase a mayores y que se colabore en ese mismo día con $ 500″, contó.

Inmediatamente, luego de recibir ese mensaje que tenía adjunta la foto de su casa, quitó los dos contactos de los perfiles de redes sociales, cerró ambos números y el suyo con la operadora celular.

“Yo me moría de miedo y quise poner en mis redes sociales que me escriban solo por esa vía por la amenaza, pero me dio miedo y decidí dejar en pausa. Tuve que cerrar mi número personal y los dos del negocio luego que recibí las amenazas”, dijo Dora.

Ella calcula que desde octubre hasta la fecha ha vendido solo el 30 % de lo que había proyectado. Algunos pedidos fueron cancelados porque se habían comunicado a los números que ya no están hábiles y, por temor, ha dejado de recibir solicitudes de perfiles que tienen pocos seguidores o que su cuenta está con poca información.

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Así como Dora, Julio eliminó sus números de contacto de todas las redes sociales de su negocio de venta de ropa y relojes. A él le solicitaban $ 300 semanales y que con ello, no “pasaría a mayores” la comunicación.

El cierre de las líneas y de las redes sociales de su emprendimiento le mermaron todos sus ingresos, pues él dependía de las ventas para solventar gastos de arriendo, transporte y comida.

“Pensé que la extorsión o las amenazas eran solo a locales físicos, nunca pensé que mi pequeño negocio, que lo levanté con esfuerzo por redes sociales iba a ser presa de eso”, dijo.

Extorsiones también afectan a negocios digitales

Juan Carlos Díaz-Granados, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG), indicó que retirar contactos de redes sociales limita la capacidad de los pequeños negocios y emprendimientos de comunicarse con sus clientes potenciales y, en consecuencia, impacta a sus ventas.

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“Antes de las extorsiones y amenazas, las redes sociales eran una herramienta muy efectiva para que los negocios pequeños y emprendimientos llegaran a sus clientes potenciales. Al colocar sus números de teléfono en sus perfiles, podían recibir consultas directamente de los clientes, lo que facilitaba la venta”, manifestó.

Díaz-Granados señaló que, ahora las amenazas y extorsiones a este segmento, no solo pueden causar pérdidas económicas, sino que también pueden generar estrés y ansiedad en los propietarios.

En el 2023, entre el 1 de enero hasta la última semana de diciembre, la Policía registró 5.786 casos de extorsiones. La cifra es un 285 % mayor a la registrada en 2022 cuando se llegó a 1.503.

Del total de casos en ese periodo de 2023, el 58 % corresponden a extorsiones virtuales. Es decir, más de 3.000. (I)