Sentados o de pie. Algunos se conocieron en las frías noches que han compartido a la intemperie y otros se han ido sumando durante el día. Esperan atentos, preocupados, para conocer el estado de salud de sus hijos, sobrinos y nietos, quienes llegaron en busca de atención y salud al hospital pediátrico Francisco de Ycaza Bustamante. No todos salieron satisfechos.

Víctor, con su hija de cinco años en brazos, delgada y adolorida, y su esposa, llorando y con coraje, salieron de este centro a las 20:00 del jueves 21 de abril. Entre sus manos, tres sueros de sobre, luego de haber pasado nueve horas en el hospital. Se fueron sin respuestas, aseguró el padre de familia. Llegaron a las 11:00 con su pequeña débil y deshidratada por la fiebre, dolor de cabeza y cuerpo y falta de apetito, molestias que padece desde hace seis días.

“Le hicieron unos exámenes para ver si es dengue. Esperamos cinco horas para que nos den los resultados, pero nos dijeron lo mismo, que parece que es dengue, no saben qué tiene”, dijo la madre de la pequeña, desesperada por su niña, a quien le dijeron que debía comprar paracetamol. “No hay, nos pidieron comprar supositorio de paracetamol para que le baje la fiebre. Ya le compramos y le pusieron, pero no sabemos a dónde más ir, qué hacer, tenemos miedo de que le pase algo por estar seis días así”, refirió.

A otros padres, como a Karen, le ha tocado comprar sueros, jeringas, calmantes y algunas medicinas para su pequeña que está hospitalizada hace una semana en este centro público. “Faltan medicinas e insumos, aquí a todos nos ha tocado comprar”, dice una mujer. Cerca de ella, otra pariente se queja por las falencias en la atención que ha recibido su sobrino, diagnosticado con dengue el lunes, pero que pese a sus complicaciones no lo dejaron ingresado.

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El lunes lo trajimos, porque a más de la fiebre y dolor, desde el domingo vomitaba sangre. Le dijeron que era dengue y que se vaya a su casa. Ya lleva cinco días así, está pálido, con pintas rojas en el cuerpo, débil, no puede ni caminar, y aquí no le dan nada, ni un suero le han puesto

Familiar de niño, de 13 años.

La pariente aseguró que primero lo llevaron a un centro privado por emergencia, pero por no haber disponibilidad de camas para pacientes del IESS le daban la opción de pagar la hospitalización. “Pero no tenemos dinero para pagar, por eso lo trajimos acá”, lamentó la mujer, contrariada, porque de emergencia enviaron a su sobrino a consulta externa en pediatría. Tras una hora más de espera, lo hospitalizaron.

En un banco plástico, Guillermo Plúas, de 56 años, y su sobrino Richard aguardaban noticias sobre el pequeño Eduardo, de 11 años, quien se encuentra en estado de coma en cuidados intensivos del hospital, tras agravarse de un dengue hemorrágico.

“Tengo fe de que mi nieto va a salir caminando de aquí. Dios me ha hecho grandes milagros”, contó Guillermo, quien dijo que hasta ahora no ha tenido que comprar medicinas. En cambio, sí pidió que el Ministerio de Salud o el Municipio de Guayaquil envíen brigadas de fumigación a la cooperativa Río Guayas, en el Guasmo norte, donde abundan los mosquitos transmisores del dengue. Otros padres pidieron también fumigación en Trinitaria, suburbio o Monte Sinaí.

Padres y familiares de niños hospitalizados en el público Francisco de Ycaza Bustamante duermen en las veredas de los alrededores del centro. Foto: José Beltrán

Richard Plúas también reclamó que se abastezca de medicinas e insumos al Centro de Salud Casitas del Guasmo, donde se carece de materiales y fármacos.

Ya cerca de las 21:00, algunos familiares empezaban a colocar cartones en las veredas al pie y al frente de este centro. Mientras lo hacían, el murmullo de las charlas de los padres fue silenciado por el llanto de Anabel Rodríguez. “Mi hija está muy mal, no le quieren poner el catéter, me dicen que ya no hay esperanza, por favor, que alguien me ayude”, gritaba entre sollozos la mujer, en las afueras del área de Emergencia del pediátrico guayaquileño que la noche de ayer, y desde hace semanas, ha concentrado a cientos de niños enfermos.

Desde Libertad, Anabel llegó el jueves de la semana pasada al hospital del Niño con su hija Sara Palma, de 12 años, quien sufre de insuficiencia renal.

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Ya he gastado como 80 dólares, eso justo con lo que vine desde Libertad. He comprado paracetamol, unas inyecciones, me hicieron comprar un equipo, que no lo han usado. Ella vino con fiebre y dolor de espalda, por los riñones, pero nada más, aquí se puso peor

Anabel Rodríguez, madre de niña.

Su niña ingresó hace siete días al área de Observación del hospital y anoche seguía ahí. “No sé qué están esperando, ella tiene insuficiencia renal crónica, no le quieren hacer diálisis. El Presidente dijo que todo hay aquí, entonces por qué nos hacen comprar, no quiero que se tape esto”, reclamaba el padre de la niña, Wilson Quinde.

“No le quieren poner nada, porque la niña sigue convulsionando, me dicen que espere un desenlace”, contó Anabel, y explicó que su niña estaba mejorando, pero desde la madrugada de ayer, tras el cambio de guardia médica, se puso mal: “El médico me dijo ‘ya ahorita lo que vamos a hacer es intubar, ya no hay remedio’, pero ya muévase, le dije, por qué no se mueven”.

Este Diario buscó una versión, pero extraoficialmente se indicó que la niña sí había sido atendida y que las convulsiones se debían a que tenía elevados los indicadores de úrea y creatinina. “Los médicos les habían sugerido empezar un tratamiento de hemodiálisis, pero los padres no habrían aceptado. Recién lograron convencerlos hoy (jueves) en la tarde”, se informó en este centro. Esta información fue desmentida por los padres.

Esa noche del jueves, según indicaron en el centro, ingresarían a la niña a quirófano para colocar un catéter que le permitirá a la pequeña empezar con el tratamiento.

Este Diario solicitó una entrevista con el gerente de este centro, Galo Vizcaíno, para abordar sobre la falta de medicinas e insumos, pero hasta el cierre de esta edición no se obtuvo respuesta. Se conoció que el funcionario está en el cargo desde hace dos semanas. (I)