Dentro de la crisis sanitaria producida por la pandemia del COVID-19, un nuevo escenario se ha impuesto en el país en el ámbito educativo. Desde esta semana se produjo el retorno paulatino a las aulas de clase. Hay 1.301 establecimientos autorizados para recibir a sus alumnos, pero la mayor parte de la población estudiantil sigue bajo la modalidad virtual, pues el regreso a la presencialidad es voluntario y depende de cada padre de familia.

Más allá de las implicaciones que esto tiene para el rol docente, en los dos grupos de estudiantes, tanto en los que están en las aulas físicamente como en quienes escuchan clases a través de la computadora, esta especie de separación o segmentación puede afectar la interacción social.

Esto ocurriría, según los especialistas, en menores de 4 a 12 años, por tratarse de un rango de edad en el que prevalece el interés por el juego y compartir en grupo.

Solamente estar sentado recibiendo clase (presencial o virtualmente), que está perfecto, pero no va a haber esa interacción, no va a haber ese juego, ese contacto, eso que nosotros tuvimos cuando éramos niños, y eso es lo que marca nuestra experiencia. Esta generación definitivamente eso va a perder”, sostiene Pedro Jiménez, coordinador del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE) de la Unidad Educativa Bilingüe Brisas del Río.

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El máster en Orientación Educativa, Vocacional y Profesional coincide con otros especialistas en que lo idóneo para el proceso de enseñanza-aprendizaje es la modalidad presencial; sin embargo, dada la situación sanitaria del país, la virtualidad para muchos padres es el camino más seguro al enfrentar la disyuntiva de priorizar la educación o la vida.

El colegio no solamente es un área educativa donde los chicos van a aprender, sino que también van a compartir, y definitivamente es donde se relacionan, se establecen esos lazos de amistad que duran para siempre en muchos casos. Yo creo que básicamente es eso lo que, de pronto, en esta generación va a quedar a un lado”, expone Jiménez.

Susana Mata, maestra de Psicología del Desarrollo en la Infancia, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Guayaquil, explica que, si bien la interacción presencial se ha reanudado de a poco, hay cambios que implican una carga que antes no tenía el niño.

Cita como ejemplos el hecho de conservar el distanciamiento con sus compañeros pese a compartir el mismo espacio (aula) o mantenerse todo el tiempo con la mascarilla puesta.

Eso, reflexiona Mata, significa más responsabilidad en el rol del docente, quien ahora tiene que enfocarse no solo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino también en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad dispuestas por la pandemia.

Adicionalmente a aquello está el trabajo con los niños que se mantienen en la virtualidad, quienes deben recibir tareas e instrucciones tanto sincrónicas como asincrónicas.

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Respecto a este segundo grupo, la psicóloga manifiesta que es fundamental que los padres hablen con sus niños sobre las causas por las que decidieron no enviarlos a clases. Así, refiere Mata, se despejarían las inquietudes y cuestionamientos que podrían hacerse los menores.

Una contribución para el desarrollo social de los pequeños que siguen educándose en la virtualidad sería que los profesores les asignen actividades en las que el menor deba interactuar física o presencialmente con personas de su entorno (padres, hermanos, primos), comenta la especialista.

“Ahí viene el desafío. Esta modalidad online no puede ser simplemente como que si vengo y le doy la clase, como que pasa la clase presencial directo a modalidad online, sino que en la medida de lo posible en las actividades que se pongan en el campus virtual no solo sea dar clases, sino también varias actividades que puedan cubrir desde casa aquellas actividades que no está haciendo en la escuela. Sobre todo esta parte física y social”, expresa la docente.

Mientras, Pedro Jiménez sugiere que, en el caso de los niños que acuden a las aulas, las clases pueden hacerse de manera dinámica, a manera de rondas, en las que los menores puedan intercambiar experiencias, juegos e ideas manteniendo las normas de bioseguridad.

En planteles particulares como la Unidad Educativa Crear, en Samborondón, se han dispuesto clases específicas y personalizadas con ambos grupos (estudiantes de presencial y virtual) para evitar esa ansiedad que podría experimentar el niño al estar separado de sus compañeros.

“Esto para que cada uno se sienta importante, para lograr con todos los objetivos de aprendizaje y para que sepan que, aunque sus familias no los puedan por ahora mandar a presencial, tienen todos los beneficios de la educación y del modelo educativo Neurolearning que manejamos en Crear”, menciona Inés Cobo, rectora de dicho centro educativo. (I)