Sandra San Lucas empezó elaborando veinte pastelillos para llevarlos a vender a las calles de Guayaquil durante la crisis sanitaria de COVID-19. Era agosto del 2020, en medio del temor de la época por las muertes y contagios del virus, cuando ella decidió probar con la venta de estos bocados típicos manabitas para cubrir la necesidad de contar con un ingreso económico.
Justamente, antes de la pandemia, en febrero del 2020, ella había dejado sus labores como profesora de Lengua y Literatura para apostar por un proyecto nuevo de teatro y educación y seguir como gestora cultural en una compañía de teatro y animación (La Carpa de la Luna). Todo eso se vio interrumpido por la situación sanitaria, restricciones de movilidad y aglomeración propicionadas para mitigar el alcance del virus en la población.
Ante ese panorama, la quiteña, que reside en Guayaquil desde los 16 años, buscó la manera de mantener un sustento diario en su hogar con aquellos pastelillos que disfrutaba, compartía y degustaba desde su niñez con su familia, originaria de Paján.
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“Se me ocurrió hacer algo que sea rico, pueda venderse rápidamente y sepa yo hacerlo. En la casa hacían pastelillos, pero no frecuentemente, porque es laborioso. Mi mami hacía, pero ella tiene su receta. De todas las veces que he probado (los de) de mi mami, yo empecé a decir: ‘También le pongo esto, esto y esto’. La receta es una mixtura de lo tradicional con esta nueva receta que fui descubriendo”, relata Sandra, cuyos padres son de Paján.
A fin de llegar a más público en la época de pandemia, Sandra también decidió abrirse paso en las redes sociales. Aunque no le tenía fe a ese mundo tecnológico, con el paso del tiempo ganó seguidores en una cuenta que antes tenía con su madre para vender almuerzos, y los seguidores se multiplicaron.
De Manabí me llevo todas mis costumbres, hasta las palabras que usaba y que son argot manabita. En Quito tuve una muy buena educación; mi forma de hablar se la debo; cierta finura en el trato me llevo de Quito (vivió allá 16 años). Y aquí yo no cambiaría Guayaquil; es un lugar de muchas oportunidades. Logras hacer emprendimientos, te encuentras con gente superfranca, que si le caes bien o les caes mal, de una; no hay estas dobles caras. Es como que la generalidad, no siempre; la actitud de la mujer frente al hombre de ser tan de frente.
Sandra San Lucas, emprendedora
El 5 de agosto del 2020 puso su primera foto de un pastelillo y luego continuó con la asesoría de su esposo, Eduardo Romero, que es productor multimedia; otros familiares mostraron parte de los bocaditos, su preparación y postales históricas, como de sus abuelos en Javital (Paján).
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Hoy las redes sociales son su principal canal de comunicación e interacción con los clientes locales y, sobre todo, manabitas que buscan revivir los sabores de su tierra. Incluso, en este tiempo, varios han comprado y enviado pastelillos, su producto principal, a España y Estados Unidos.
Su oferta principalmente se basa en pastelillos ($ 0,75), corviche de albacora ($ 0,90), empanadas de queso ($ 0,75) y muchines de carne con maní. También ofrece bajo pedido suspiros y huevos mollos ($ 1,50 por curucucho de 10 de cada uno), así como bebidas de mistela de beterava, grosella y menta ($ 3,50). El combo de diez pastelillos, al igual que las empanadas, lo ofrecen en $ 6. Se dan también seis unidades de muchines o corviches por $ 5.
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Conforme la demanda aumentó, ella recibió el apoyo de su sobrino, de marzo a diciembre del año pasado. Con ello, se triplicó la producción a 200 pastelillos por semana en su centro de operaciones en Guayacanes. Ahora la apoyan su esposo y su madre. “Estamos hablando de que se hace a mano, se estira a mano la masa, se hace el condumio en olla grande, y todo lo hacemos con brazos y manos”, dijo la emprendedora, que gusta de seguir programas gastronómicos.
“Que los guayaquileños se atrevan a probar nuevos sabores manabitas, no descubiertos o no potencialmente descubiertos. No solamente con la comida de otros países uno puede darse una nueva oportunidad; te abres a nuevas comidas si también puedes probar platos muy típicos de otras regiones del país, pero típicos típicos, no lo que te hicieron creer que es típico”, comentó Sandra.
Para el futuro, ella aspira a la tecnificación de su negocio con máquinas que faciliten el proceso de producción; además, contar con un local propio, tipo cafetería, donde los clientes puedan disfrutar en el momento cada una de sus especialidades.
San Lucas es graduada en Comunicación Social en la U. de Guayaquil y desde hace una década es docente de Lengua y Literatura en colegios. Actualmente retomó sus actividades como docente en un plantel local, al igual que sus labores teatrales, y está por culminar una maestría de Políticas Culturales y Gestión de las Artes en la U. de las Artes. (I)
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