Preocupados por las pérdidas de este último mes y por las que se les pudieran generar en diciembre, mes que regularmente tienen más ventas, así es como los dueños de restaurantes, tiendas, centros de copiado y demás llegaron el 27 de noviembre al primer mes de los racionamientos que se ejecutan en el país.

El 27 de octubre, el Gobierno empezó con los cortes de luz programados a escala nacional por el déficit de generación de energía registrado. Inicialmente se definieron interrupciones en el servicio de cuatro horas al día en la Sierra y Oriente y de tres horas en la Costa, entre las 07:00 y 18:00.

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Luego, estas franjas se redujeron a la mitad y, posteriormente, se eliminó el primer horario con lo que la programación diaria quedó entre las 10:00 y 18:00.

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La Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG) estima que durante el primer mes de apagones, los sectores productivos a nivel nacional acumularían $ 694 millones en pérdidas en las horas no trabajadas por la interrupción de energía.

“Es indudable que los apagones han tenido un impacto perjudicial en las ventas locales de todos los sectores de la economía”, señaló Juan Carlos Díaz Granados, director ejecutivo de dicho gremio.

Bajo condiciones normales, explicó la CCG, los 21 sectores de la economía en esas horas programadas para los cortes se hubieran generado $ 931 millones en ventas locales. Sin embargo, a raíz de los apagones, desde el gremio se estima que se habrían registrado apenas $ 237 millones.

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Los locales que usan artículos que funcionan con energía han sentido un impacto más fuerte en sus ventas. Foto: Alexandra Casulo

En Guayaquil, los propietarios de negocios y trabajadores aseguran que esta medida mermó su facturación entre un 10 % y 40 % y la afluencia de clientes.

En el centro de la urbe porteña, aseguran, es donde más se han sentido los efectos de los racionamientos durante el primer mes.

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La mayor parte de los días, según la programación de la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL), este sector tiene establecidos los cortes entre las 10:00 y 14:00.

En los locales ubicados en calles del casco comercial como la avenida 9 de Octubre, Lorenzo de Garaycoa, Colón y Alfredo Baquerizo Moreno, los propietarios de restaurantes dicen que los cortes han alejado a los clientes.

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“Se me va la luz en plena hora de almuerzo. Aquí la gente no quiere venir a comer porque no hay ventilador, los jugos no están helados o todo está oscuro”, contó la propietaria de un comedor ubicado a pocos metros del hospital Luis Vernaza.

Ella pasó de vender más de 60 almuerzos a 35 o 40 si es un buen día. Los cortes programados en esta zona regularmente son entre las 12:00 y 14:00, en la hora pico de ventas.

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Otro restaurante de la calle Julián Coronel optó por reducir el horario de oferta de desayunos y vender menos almuerzos.

Algunos dueños de tiendas, bazares y ferreterías han optado por cerrar sus puertas durante los apagones. Foto: Alexandra Casulo

“Me tocó vender desayunos solo hasta las 09:00 para a esa hora empezar a cocinar los almuerzos y tenerlos listos máximos a las 11:00, antes de que se me vaya la luz. Pierdo de vender desayunos y pierdo de vender almuerzos porque la gente no sale o piensan que como no hay luz no se cocina”, expresó la dueña.

Los racionamientos no solo han afectado a locales de venta de comida. Por ejemplo, aquellos negocios que dependen de la energía directa han optado por cerrar sus puertas durante la hora o las horas establecidas.

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La trabajadora de un centro de copiado ubicado en la calle Alfredo Baquerizo Moreno dijo que la falta de energía le quita al menos el 20 % de lo que diariamente ganaba plastificando documentos, sacando copias o empastando libros. En las tres acciones utiliza máquinas que funcionan con electricidad.

“Yo me ganaba a esa hora (entre las 12:00 y 14:00) unos $ 10 o $ 20, porque a esa hora es como que sale la gente a hacer cosas, trámites, ahora eso es nada”, contó.

Asimismo, el dueño de una tienda en la calle Julián Coronel, en cambio, ha optado por sentarse en la parte frontal de su local y esperar a que regrese la luz. En su caso dejó de comprar bebidas lácteas y quesos para evitar que estos sufran golpes de calor.

“La gente es como que no sale cuando no hay luz. Se suma todo para perder, no tener luz, la inseguridad, todo hace que uno pierda”, comentó el tendero. (I)