El 85 % de sus pulmones estaban comprometidos. Intubado y en condiciones graves fue trasladado el alcalde de Manta, Agustín Intriago, de una casa de salud de esa ciudad al hospital Luis Vernaza, en Guayaquil. Ahí se recuperó en diez días.

“Llegué prácticamente muerto y me voy vivo con nuevos pulmones, que siento Dios me ha dado", posteó Intriago el 28 de diciembre, tras ser dado de alta de este centro de salud de referencia nacional de Guayaquil, ciudad bicentenaria que a lo largo de su historia ha enfrentado epidemias, como la fiebre amarilla en 1842, y siempre ha resurgido con su gente.

En esta epidemia, el hospital Luis Vernaza ha tratado a 519 pacientes graves con COVID-19 en la unidad de cuidados intensivos (UCI): 334 se recuperaron y 185 fallecieron, la mayoría se registró entre marzo y abril, cuando el pico de casos fue más alto en la ciudad.

El manejo de los pacientes, tratamientos, técnicas y pruebas de diagnóstico y control -sanguíneas, hisopados y tomografías- se han adaptado y pulido en el camino, desde antes de que llegue el primer caso de COVID-19 al hospital, el 12 de marzo. Así lo refiere el director del centro, Joseph McDermott, quien califica a esta pandemia como “una pesadilla”.

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A nivel mundial ya se hablaba de los contagios masivos en Asia y Europa, cuando este centro decidió convocar a una especie de 'COE' hospitalario para definir su actuación, recuerda Candela Ceballos, jefa de la Unidad de Trasplantes, que aportó en la reorganización del personal de salud que se redujo a menos del 50 % entre marzo y abril. Unos 700 se contagiaron, un grupo era vulnerable y otros se jubilaron o renunciaron por temor.

Ceballos se contagió y tuvo neumonía leve, producto del COVID-19, pero así -afirma- siguió trabajando desde casa. Los horarios, cuenta, se ampliaron a 24 horas y el personal de otras áreas se volcó a atender a los 500 pacientes que llegaron a tener a diario, en el pico de la pandemia.

“Se contrataron apenas diez médicos y 20 enfermeras”, a pesar de requerir 50 y 100, en su orden, recuerda McDermott, quien reseña que el hospital se dividió en áreas con sus respectivas rutas para que los pacientes con COVID-19 y el personal que los trataba no se encontrara, ni en ascensores, con los accesos y salas dispuestas para pacientes con otras enfermedades.

Los diferentes protocolos, de atención a pacientes, tratamiento, manejo de cadáveres, entre otros, se adaptaron y están en constantes cambios, de acuerdo a como va avanzando la información de las guías de manejo en otros países, apunta el director de este centro, donde en junio disminuyeron los casos y las camas para pacientes con COVID-19 se fueron desocupando.

Por el feriado de noviembre, afirma, hubo un aumento. Actualmente la ocupación del hospital es del 76 %. Las 27 camas de UCI para pacientes con este virus llevaban once días llenas, hasta el 30 de diciembre. Las otras 23 camas de UCI para enfermos con otros males tienen 88 % de ocupación.

En la UCI estuvo internado el alcalde de Manta, quien fue trasladado a este centro porque necesitaba atención de tercer nivel y contar con acceso a un equipo especial (ECMO) por si llegase a requerir, asegura Rosita Saldarriaga, esposa de Intriago.

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“El ECMO hace la función de los pulmones", explica el director de este centro, que hace dos semanas recibió la donación de este equipo. Además, el hospital tiene, afirma, la adaptación de un ECMO que no lo llegó a necesitar el alcalde. Su esposa asegura estar agradecida por una "buena atención de todo el equipo médico".

El hospital también usó para pacientes graves, como el alcalde, el 'plasma convaleciente', que consiste en colocarles plasma de un paciente recuperado con los anticuerpos, apunta McDermott y añade que a 232 internados se les dio este tratamiento desde el 1 de abril con buenos resultados.

El cantautor Gustavo Pacheco, quien estuvo un mes hospitalizado, también lo recibió. Aunque no recuerda mucho por su condición, el artista cree que se salvó por su fe, por las oraciones de 700.000 ecuatorianos y por la atención que recibió en este centro.

Otros pacientes que se recuperaron fueron Jorge Villacreses, de 99 años, y su esposa, Yolanda Guillén, de 91.

Entre las medicinas que se usaron está el metilprednisolona, que actúa como un desinflamatorio. “Lo que hace este virus es que inflama las células del cuerpo y las destruye, daña el pulmón, el riñón”, explica McDermott. También incluyeron fármacos para prevenir trombosis (coágulos en los vasos sanguíneos), ante la alerta médica de Italia de que este virus provocaba esa afectación, según las autopsias a un grupo de fallecidos.

Han pasado ya nueve meses de esta pandemia y, al mirar hacia atrás, el equipo médico de este hospital se aplaude y alienta a seguir batallando contra esta epidemia. (I)

6.000

pacientes con COVID-19 fueron atendidos en consulta externa, de ellos 5.600 se recuperaron.

900

enfermos necesitaron ser internados por su condición.

519

infectados graves estuvieron en la unidad de cuidados intensivos.