Robert Hendy-Freegard (1971) es un barman, vendedor de autos, estafador e impostor británico. En 2002, Scotland Yard y el FBI organizaron una operación encubierta para descubrir sus fechorías y meterlo en la cárcel. En ese año había estado intrigando contra su novia estadounidense, una psicóloga infantil. El FBI intervino el teléfono de los padres de la mujer. Durante una conversación, la madre de la chica le dijo a Hendy-Freegard que le entregaría 10.000 libras esterlinas (casi $ 14.000), pero solo en persona. Hendy-Freegard se encontró con la señora en el aeropuerto de Heathrow (Londres), donde la policía lo arrestó.

Hendy-Freegard negó todos los cargos y afirmó que eran parte de una conspiración en su contra y continuó con esta historia en el juicio posterior. Ya en 2005 fue condenado a cadena perpetua por dos cargos de secuestro, diez de robo y ocho de engaño. Sin embargo, dos años después, Robert Hendy-Freegard apeló contra sus condenas por secuestro y ganó. Su cadena perpetua fue revocada y fue liberado de prisión en 2009.

Esta historia ha sido recogida en Quién maneja los hilos: Tras la pista de los mayores impostores, sobre las andanzas del estafador que hoy se desconoce su ubicación. Pero, ¿cómo trabajaba este estafador? Una vez que se ganaba a sus víctimas, Robert, a quien también se hace referencia como David en la docuserie de Netflix, las separaba de sus familias y amigos, y usaba tácticas para sacarles dinero.

Se trata de uno de los estafadores más audaces del mundo acusado por robar fortunas y destruir múltiples vidas. Se disfrazaba de espía británico para manipular y robar a sus víctimas, dejando así a varias familias arruinadas a su paso. La historia llega hasta hoy día donde un grupo de personas desesperadas temen por la seguridad de sus familias.

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En la docuserie establece una especie de campamento en el espacio físico y psicológico de sus víctimas, las aísla del mundo exterior y las manipula para que entreguen asombrosas sumas de dinero. El manipulador comienza con Sophie y Jake Clifton, cuya madre se cree que es el último objetivo de Hendy-Freegard. No la han visto en siete años. Luego, la serie se enfoca en John Atkinson, quien se hizo amigo de Hendy-Freegard en 1983 y se cree que es su primera víctima. Jugando con el temor provocado por el IRA (Ejército Republicano Irlandés) en ese momento, le dijo a Atkinson que era un agente encubierto del MI5. Bajo ese pretexto, instruyó a Atkinson y sus dos amigas, Sarah y María, para que lo acompañaran. Todos estaban en grave peligro, les dijo. Tuvieron que irse de urgencia. Se quedaron sin contacto de amigos o familiares.

Una de las víctimas del estafador Robert Hendy-Freegard en la docuserie 'Quién maneja los hilos: Tras la pista de los mayores impostores'. Foto: IMDB.

Los engañó diciéndoles que era por su propia seguridad, pero que el programa de protección de testigos no iba a ser barato. Durante los siguientes diez años, la familia de Atkinson entregó decenas de miles de libras; Sarah pagó la totalidad de su herencia de 180.000 libras esterlinas (casi $ 250.000).

La narración se centra lentamente en otras mujeres que también cayeron en su estafa. Están Kim, Renata, Elizabeth, Leslie, Solange y probablemente más aún no identificadas.

La serie hace bien en tomar su tema tan en serio como lo harían los múltiples asesinatos. Es implacable en la forma en que se describe el daño que provocó Hendy-Freegard. No es solo dinero lo que sus víctimas han perdido, sino el tiempo que pasan atrapados en su red.

Uno de los objetivos de los programas de crímenes reales es el shock que viven los afectados. Otro es la relación. Lo que hace que historias como la de John y Sarah sean tan preocupantes (y cautivadoras) es la facilidad con la que se puede entender siendo presa del mismo depredador. Pero Henry en su mayoría no logra evocar ese sentimiento. Los entrevistados admiten su ceguera y acciones aparentemente inexplicables: “Él me convenció”, dice Renata, al recordar su decisión de dejar que un extraño viviera en su casa a pedido de Hendy-Freegard después de que él ya se había llevado 20.000 libras esterlinas (casi $ 28.000) y no la contactó durante meses. (E)