Montevideo (EFE).- Dos años después de lo previsto, debido a la pandemia, llega a Uruguay Hamlet, el clásico de William Shakespeare, esta vez con una puesta en escena “muy latinoamericana y muy moderna”, según su director, el argentino Marcelo Díaz, que la define como “una especie de Netflix teatral”.

Es una obra de suspenso, de política... Creo que es con lo que se va a encontrar el espectador: una especie de Netflix teatral”, comenta sonriendo durante una entrevista con EFE antes del estreno de la obra, que tendrá lugar el 8 de enero en el teatro El Galpón, de Montevideo.

Por encima de la tortuosa relación del príncipe de Dinamarca con su madre, la constante presencia del fantasma de su padre o el amor de Ofelia, destacados elementos de la inmortal obra del Bardo de Avon, a Díaz (Buenos Aires, 1955) le interesa especialmente el aroma político que rezuma Hamlet.

El principal (tema) en Latinoamérica es la relación del poder con los medios de prensa, y es donde yo me baso. Es una apuesta, si se quiere, muy latinoamericana, muy moderna también”, declara el también docente teatral, quien insiste en que sería “un despropósito” dejar la obra ambientada “en su época”, pues Shakespeare “modernizaba las cosas”.

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Fotografía cedida hoy por el teatro El Galpón que muestra el ensayo de la obra "Hamlet", en Montevideo (Uruguay). EFE/Teatro El Galpón /Alejandro Persichetti Foto: EFE

Para el director, la obra escrita en torno a 1600 está muy relacionada con Latinoamérica, sobre todo en el vínculo “entre el poder económico, el político, el judicial y el mediático”, pues, si bien se da en otros lugares del mundo, como la Europa en la que reside hace cuatro décadas, “no es con la intensidad o brutalidad”, dice, de su región de origen.

“Acá no hay más que un golpe de Estado, esto fue un golpe de Estado. El nuevo rey mató al otro rey, se instauró en el poder y el partido que lidera Hamlet, con su gente amiga, está en la oposición, en la resistencia. Y esto es muy latinoamericano, tiene que ver con nuestra historia”, asevera.

Tiempos modernos

Rosencratz y Guildenstern, amigos de Hamlet, al que ahora espían para el nuevo rey, no son secundarios entre telones y desarrollan en escena su seguimiento mediante móviles y computadoras, mientras que la prensa publica noticias sobre los actos violentos del príncipe sin contar las razones de su locura.

Fake news, acoso mediático... La de El Galpón es una versión actualizada de una obra inmortal que el director considera puede atraer a un público joven, acostumbrado a consumir otro tipo de entretenimiento.

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Creo que le hacemos un mal al teatro cuando lo tratamos como una pieza de museo. Shakespeare es maravilloso porque nos hace conscientes de que, en el fondo, seguimos siendo lo mismo, el mundo no cambió tan notablemente como nosotros creemos, porque si no estas obras no podrían ser tan actuales”, comenta Díaz.

Ante la enésima afirmación sobre la extinción del teatro a manos de géneros más modernos —cine, televisión, internet y hoy plataformas de distribución bajo demanda—, el director dice que, en ellos, “hay cosas buenísimas, pero no tienen la profundidad de reflexión sobre el ser humano y nuestras relaciones, por un lado, ni la belleza literaria y de imágenes del teatro, por otro”.

Fotografía cedida hoy por el teatro El Galpón que muestra el ensayo de la obra "Hamlet", en Montevideo (Uruguay). EFE/Teatro El Galpón /Alejandro Persichetti Foto: EFE

“Por eso creo que el teatro no va a morir”, insiste Díaz, quien agrega que los artistas son “los bufones de la sociedad”, los que sostienen “un espejo” para que esta “se vea en él”.

Por ese motivo, considera que hay gente joven “con inquietud social muy grande, crítica y con una necesidad de contar historias” para que la sociedad “sea mejor” y se acerca a las academias o escuelas para “transformarse en artistas, sobre todo gente de teatro”.

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Instalado en Europa desde 1982, con amplia experiencia en formación y dirección en Alemania, Suiza y Austria y afincado en España desde 2004, confiesa que la espera de dos años para el estreno del sábado permitió que el proyecto fuera “madurando”.

“Un Hamlet no se puede dejar como si fuera cualquier otra obra. Hamlet es la ambición de cualquier director, de cualquier actor... No existe otra cosa más que Hamlet”, comenta y menciona el epitafio del director y teórico ruso Vsévolod Meyerhold, quien se jactaba de no haber montado nunca esa obra.

“Yo pensaba que iba a lo mismo y, por suerte, no... Hasta tenía miedo que se diga ‘aquí yace alguien que puso Hamlet, pero que nunca la estrenó’, que es peor todavía”, bromea Díaz con la seguridad de que su versión “latinoamericana y moderna” del clásico de Shakespeare se verá en Uruguay.