La alma mater de la fiesta del Budokan 2026 fue un salón escondido entre la gente, el comercio, los cosplays y los juegos.
Una tarima mediana, con un juego de luces espectaculares y pantallas que reflejaban un gran colectivo de animes se preparaba para dos actos de magia pura: el concurso de baile de K-pop y la reencarnación de personajes icónicos como Goku y Vegeta, en las voces de Mario Castañeda y René García.
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Un gran pasaje al costado de dicho salón se empezó a llenar de bailarinas con trajes de colores. Cada una practicaba junto con su equipo los pasos que posteriormente se pulirían en escena.
En los rostros se notaba nerviosismo, pero también el orgullo y la felicidad de poder participar en un evento de tal magnitud.
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Se trataba del concurso "We are K-pop", un certamen que reunió a trece grupos del tan aclamado ritmo musical surcoreano.
Los pasos sensuales y arriesgados, la actitud y el sonido envolvente de la música hicieron que la gente no se despegara de su celular para grabar y que corearan las canciones mientras las bailarinas lo daban todo en la tarima.
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El concurso “We are K-pop”
Uno a uno fueron subiendo los grupos. Todos tenían la fuerza para ganar, pero solo uno se quedaría con la medalla de oro y los $ 800 que había ofrecido la organización.
Las vendedoras vestían trajes azules elegantes con vivos transparentes en las piernas. Siete chicas, una esmeraldeña, otra venezolana y las cinco restantes quiteñas, danzaron, disfrutaron y, como premio a su coordinación, escucharon su nombre en el primer lugar.
“Estamos muy emocionadas porque la preparación para esta pieza nos tomó como un mes y medio. Tuvimos percances, cambios de integrantes, pero lo logramos. Nos retó bastante la coreografía, pero estamos felices”, inició Sofi, bailarina del elenco A Dolls.
Su baile estuvo inspirado en una mixtura de ritmos que tenían como base el K-pop, pero que lo fusionaron con su propia identidad.
“Ensayamos en espacios públicos. En la Amazonas, en la Plataforma Gubernamental o a veces en gimnasios, creo que el acomodarnos a lo que encontramos hizo que podamos dar lo mejor de nosotros y hoy levantar el título de campeonas", mencionó.
En su nombre está representado el continente asiático, por sus siglas en inglés ‘Asian’, con la letra A y Dolls, que significa muñecas.
“Somos un grupo muy diverso. Algunas vienen de academias de baile, entonces tratamos de ir uniendo los conocimientos de cada una para armar una ‘coreo’”, añadió la ganadora.
En segundo lugar se ubicaron las integrantes de Do or Die. Ellas se llevaron $ 100 de premio y su respectiva medalla.
Ninguna estaba triste por el lugar. Todas se sentían ganadoras por el simple hecho de poder participar.
“La coreografía la armamos a principios de año, hemos participado en otros concursos con ella y subimos un video a YouTube. Ha sido una preparación muy dura, pero le hemos puesto el corazón”, mencionó Manuela Salazar, bailarina del grupo Do or Die.
Los ganadores del concurso
El comercio también tuvo su parte: camisetas, carteras, pines, peluches, gorras, estampas y figuras de Lego se expendían a cómodos precios y nadie perdía.
“Vendo peluchería mixta que tiene el objetivo de rescatar la identidad de los pueblos y nacionalidades”, mencionó Leandro Carrera, comerciante de un estand.
Él ofrecía peluches que representaban una leyenda ancestral de los pueblos y nacionalidades de Ecuador.
“Cuenta la historia que el dragón del Chimborazo o dragón andino aún existe y solo está escondido de nosotros. Conocimos a una persona que lo vio y lo hicimos en felpa", agregó el hombre.
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Un tierno monstruo verde, desarrollado por una semana entera, con mucha dedicación y tomando en cuenta los detalles de los ojos y los cuernos, era parte fundamental de una provincia entera y, aunque no se sepa su verdadera identidad, Leandro dejaba todo a la imaginación del cliente.
Estos curiosos productos se vendían desde los $ 5, pero también había pulseras y pines desde $ 1 e ilustraciones de animes o pósteres que llegaban hasta $ 10 o $ 15.
Estands de comercio y leyendas andinas
Las personas avanzaban en fila de uno. El paso por los callejones del salón era difícil. Todos querían ganar un buen puesto, pues lo que se venía era inédito.
La muchedumbre empezó a corear “Mario y René”, “Mario y René”. Eran la voz viva de Goku y Vegeta, personajes que marcaron la infancia de los que ahora están cruzando o a punto de cruzar los 30 años.
Como verdaderos luchadores o en este caso ‘saiyajines’, los mexicanos Mario Castañeda y René García hicieron su entrada y no dudaron en empezar la noche con sus frases tradicionales.
“Hola, Quito, gracias por traernos una vez más, son increíbles”, dijo Mario con la voz de Kakaroto o Goku, como muchos lo conocen en la serie.
Sin embargo, cuando René ingresó también hubo bulla y él gritó a la comunidad: “¡Cómo están, insectos!”, haciendo alusión al refrán con el que se dirige a la gente el Príncipe Vegeta en el anime.
Iniciaron con una ronda de preguntas. Goku en la voz legendaria de Mario Castañeda vestía una camiseta de Dragon Ball Z negra con un jean y zapatos negros.
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Por su parte, Vegeta, en la voz de René García, estaba más elegante. A él lo acompañaba un pantalón café oscuro, buzo azul y una leva del mismo color.
Ambos celebraban 40 años de Dragon Ball Z con quienes un día fueron pequeños y sentados frente al televisor de perilla veían la serie y se emocionaban con cada una de sus apariciones.
Ellos, que ahora tienen hijos, deliraron al ver reencarnada su infancia y preguntaban cosas como qué se siente ser parte de una serie tan importante o qué significa para ellos ser actores de doblaje.
Mario y René contestaron rápidamente las inquietudes de la gente, pues habían preparado un doblaje en vivo.
Pero antes contaron dos anécdotas. Una trataba de un avión que no despegó hasta que ellos estaban a bordo, debido a que el personal del aeropuerto los hizo demorar por captar fotos y autógrafos.
Y la otra, que le ocurrió a Mario, fue que manejó por un carril prohibido en Ciudad de México, pero al momento que lo detuvieron, el agente de tránsito lo reconoció luego de una larga pregunta y le dijo que todo quedaba en un llamado de atención.
Luego llegó el momento más esperado.
Una de las escenas de Dragon Ball Z se silenció en la pantalla y al cerrar los ojos se escuchaba claramente el diálogo entre Goku y Vegeta.
Eran ellos, solo que no estaban con el traje de saiyajin o los cabellos parados, los músculos por todo el cuerpo y los uniformes naranja con blanco de Goku y blanco con azul de Vegeta.
Rieron, disfrutaron e hicieron vibrar a los asistentes, quienes no lo podían creer. Los héroes que marcaron la niñez de muchos caminaban por un escenario entre risas y bromas.
El Budokan 2026 se extenderá hasta este domingo 17 de mayo, donde habrá más eventos preparados para la gente que no pudo asistir el sábado 16. (E)