Jhon Dylan tenía 19 años cuando decidió irse al otro lado del mundo. Dejó su universidad, su círculo de amigos y un equipo de trabajo que ya había formado en Ecuador. En ese momento no lo movía una estrategia, sino la curiosidad de conocer cómo funcionaba una de las industrias musicales más exigentes del planeta. “Quería ver qué había al otro lado del mundo”, dice.

