Hace diez años, el intérprete guayaquileño Frank Bergher estrenó su última canción, Día tras día, una balada pop-rock suave con letra y música de su autoría. Después de promocionar la melodía alrededor de un año, Frank decidió alejarse de la escena musical para cultivar otros proyectos personales.

Pero el espíritu creativo nunca se durmió en esta casi década, y ahora el músico regresa con un nuevo ímpetu artístico, guiado por los aprendizajes que le dejó la primera experiencia. Su primer paso justamente es un remake de Día tras día, esta vez en una versión acústica, que presentó hace tres meses.

“Me quedó la ‘espina’ de que la canción podría tener otro color; por la madurez y mi edad actual cambiamos el formato con una interpretación distinta, en la emoción y musicalmente hablando”, explica el cantautor, quien acaba de trabajar con el reconocido productor musical Sergio Vivar. Así, adelanta, el 2022 será testigo de sus siguientes composiciones.

La gran incógnita es su ausencia de los estudios y los escenarios. “Consideré que no estaba listo a nivel de madurez para manejar el ritmo que comenzó a tener la carrera de la música... Llegué a estresarme demasiado por el nivel de movimiento”, revela el artista.

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“En segundo lugar, no entendía muy bien cómo funcionaba el mercado ecuatoriano y no sabía en quién confiar… No me sentía muy cómodo con esa situación”, recuerda Frank, quien en ese tiempo retomó sus estudios universitarios y emprendió un negocio para mascotas, que incluye varios servicios, como adiestramiento, rehabilitación y hotelería canina, entre otros.

Uno de esos contratiempos con los que se topó siendo muy joven, dice, fue la presión comercial al crear, que afortunadamente se ha desvanecido gracias a su crecimiento personal. Con esta fresca perspectiva ha adoptado a la música como su segunda profesión, a la que se añade la psicología clínica, una carrera que aún está en estudios.

“El arte en general me apasiona, desde que soy niño la música ha sido fundamental en mi vida; es una profesión más para mí. (De) lo que tenía dudas era si podía combinarla con mis otros trabajos”, expresa. “Pero luego vi que hay muchos artistas con negocios, como Marc Anthony, que tiene un equipo de béisbol, y él es todo un empresario”.

Ahora se deleita en la libertad de hacer música con intenciones más artísticas, dice, sin limitarse a dudar de si lo que compone necesariamente le gustará al mercado. “Le puedo componer al amor sin que tenga relación a lo que estoy viviendo en ese momento; o simplemente a la vida, como tal, como mi canción que habla de que en la vida uno puede tomar decisiones para bien o mal, pero corres con la responsabilidad de lo que decides... Trato de que lo que escriba o cante sea muy cercano a mi realidad emocional y espiritual”.

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En esta nueva realidad, Frank prefiere disfrutar de la vida y en especial “las bendiciones que tengo. Gracias a Dios, he tenido mucha suerte, me he topado con gente muy buena en el campo de mi vida personal, y cada uno me ha dejado un aprendizaje. Me siento muy feliz”.

Incluso el confinamiento por el COVID-19 se convirtió en una oportunidad para “replantearse la bendición de estar vivos y de compartir con los que amas”, luego de superar la angustia y el temor que llegaron esos primeros días de contagios. Y eso es algo que también valora en su rencuentro musical.

De hecho, esa claridad en medio de la incertidumbre la encontró estudiando nuevamente música para componer otra vez. “Las letras tienen esa condición de claroscuro; de hecho, mi show se llama así, porque tiene el enfoque de mostrar los aspectos luminosos o lindos de la vida y los oscuros”.

Antes de cerrar el 2021, Frank ofreció una serie de shows en Cuenca y otros en Guayaquil. “Sentir el escenario es gratificante, levantó todo mi ánimo... Para el artista, cantar en vivo es casi como una droga, te levanta la dopamina”.