El cantautor ecuatoriano Daniel Merchán cierra la celebración de sus 20 años de trayectoria musical con el lanzamiento de Canciones de mi bodega, un compilado acompañado por cuatro videoclips que sintetiza dos décadas de exploración sonora, autogestión y búsqueda creativa dentro de la escena independiente.
El proyecto, concebido como una curaduría en dos partes, reúne canciones de toda su discografía como solista entre 2014 y 2020, así como composiciones creadas en etapas anteriores junto con proyectos como ALF, Sobras y Cenizas, Mantarraya Dúo, Cactus Gamarra y Los Smokings, desarrollados entre 2002 y 2012.
El nombre del compilado alude a una “bodega” simbólica, entendida como el espacio donde se resguardan las obras que han acompañado su proceso artístico y vital, abriendo una ventana íntima hacia su trayectoria.
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“Este compilado musical es una retrospectiva de estos 20 años de carrera donde yo he indagado en algunos estilos y géneros musicales desde que tengo uso de razón, porque empecé con esta inquietud musical cerca de los 18 años”, explica Merchán, quien plantea este lanzamiento como un ejercicio de revisión personal y colectiva.
La construcción del repertorio no responde únicamente a un criterio individual, sino que se desarrolló a partir del diálogo con músicos que han formado parte de su camino y con su audiencia. “De cada una de las agrupaciones lo que hice fue llamar a mis amigos y preguntarles qué canciones querían que sea parte de este compilado y con ese feedback fui armando. También hice este gesto de diálogo en las redes sociales con la audiencia y les fui preguntando”.
El resultado es una selección que permite escuchar la evolución de su propuesta artística, tanto en lo sonoro como en lo lírico.
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Sus primeras composiciones, vinculadas a la escena punk local, evidencian una etapa marcada por la inconformidad. “Son canciones que hablan en un contexto bastante infantil, bastante inocente, había mucha rebeldía, mucha represión, mucho sentimiento de estar enojado con el sistema, mucho sentimiento de estar enojado con una lógica adulta que no entiende al joven”. Con el paso del tiempo, esas inquietudes se transforman en reflexiones más amplias. “Estas temáticas van cambiando, van aproximándose a contextos sociales, políticos, a un conocimiento más inherente al mundo, más espiritual, más de indagación personal, esotérica, metafísica, pero hay una maduración por supuesto”.
Revisar ese archivo también implicó un proceso de reencuentro. “Lo que descubrí fue primero redescubrirme, porque a veces uno va produciendo obra, va avanzando en la creación, va avanzando como persona y a veces te olvidas de lo que hiciste hace mucho tiempo. Personalmente me volví a encontrar en unos momentos creativos”, afirma.
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En paralelo, el músico identifica una desconexión entre nuevas audiencias y procesos anteriores de la música local, lo que motivó la publicación de este material.
“Cuando tú les preguntas a chicos de ahora qué música hay en tu ciudad, te nombran nuevos artistas, pero cuando regresas a ver un antecedente no hay referentes. Si tú le preguntas a un chico de 20 años qué más había antes en Guayaquil, lo más probable es que te diga que no sabe, pero porque no tiene referentes. Y la idea era poner en consideración toda esta obra que estaba atrás mía para que nuevas generaciones puedan escuchar esto”.
Desde esa perspectiva, el compilado también actúa como registro de una escena construida desde la autogestión. “Me parece raro que la gente no haya escuchado a Diez 80, que es una banda ya ícono del punk de Guayaquil. Me parece muy raro que la gente no haya tomado en consideración la existencia de Los Smokings. Sería interesante que la gente sepa que existieron bandas como Alf y Sobras y Cenizas, que indagaron mucho en la autogestión, en la producción fuera de la academia, desde una filosofía punk de ‘hazlo tú mismo’, y cosas también experimentales y superatrevidas como Cactus Gamarra”.
El lanzamiento incluye además cuatro videoclips: Anoche salió el sol y me cantó, Huellas en la arena, Como una cometa y Hoy soñé que estaba bien, pero logré despertar en el mismo lugar, construidos a partir de material de archivo personal. “Tomé imágenes de conciertos en vivo, imágenes de cosas que estaban pasando en giras, iba con mi cámara registrando momentos cotidianos de estar en otra ciudad, como ir a la panadería o conversaciones con otras personas, y es como un gran collage que se hizo clip”, explica. Las piezas funcionan como extensión visual del proyecto, integrando registros de distintas épocas en una narrativa común.
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La recopilación de estos materiales responde también a una lógica de reciclaje creativo. “No solamente están estas canciones de estos 20 años, sino también estos momentos gráficos y audiovisuales que rescato de discos duros viejos, de celulares viejos, de cámaras viejas, de archivos viejos que tenían mis amigos. Es prácticamente un gran reciclaje y una gran curaduría personal artística”.
A lo largo de su trayectoria, Merchán ha desarrollado su trabajo desde la independencia, una condición que, según explica, está directamente vinculada al contexto local. “En Guayaquil no existen factores de producción, no existen sellos, no existen editoriales, no existen disqueras, no existen productoras que funcionen como un brazo para el artista, entonces continuar con esa independencia creativa es prácticamente una necesidad”.
Esta forma de trabajo también le ha permitido explorar distintos lenguajes sin responder a exigencias comerciales. “No tengo que hacer música para agradar a nadie, no tengo que hacer música para contentar a unos escuchas en el contexto comercial, no tengo que doblegar mi obra a ciertos géneros o estilos musicales de tendencia, porque yo me debo a mí y a mi proceso creativo”.
En ese recorrido, el artista ha transitado por el punk, el metal, el rock, el blues, el folclore latinoamericano, la música protesta y el folk experimental, consolidando una propuesta que ahora se condensa en una “bodega”. (E)



