Los amantes del anime, la cultura japonesa, los videojuegos, los superhéroes, el cosplay y las míticas historias del manga esperaron este momento por mucho tiempo.
Esa idea viva de cómo representar a su personaje favorito se volvió realidad en la convención Budokan 2026, que reunió en un solo espacio a miles de fanáticos, chicos y grandes, para poder sentir de cerca y compartir con la gran sociedad de la animación japonesa.
Desde las 10:00, el Centro de Exposiciones Quito fue testigo de largas filas, personajes icónicos y nombres propios que quedaron, por un momento, en el olvido y se convirtieron en la identidad de una figura tradicional que muchos solo han visto por televisión.
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Maquillajes exóticos, trajes singulares, frondosas cabelleras y pelucas de muchos colores. Brazaletes dorados, espadas, catanas y sables vistieron a más de un cosplayer que llamaba la atención de propios y extraños al abordar la avenida Amazonas.
El Budokan 2026 empezó así. Más allá de los innumerables eventos que la organización tenía programados para locales y extranjeros, los cosplayers se llevaron el protagonismo.
Para entrar al Centro de Exposiciones había que hacer una fila que llegaba hasta el parque La Carolina. Desde ahí ya había un desfile de modas.
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Una moda que para muchos sigue siendo un tabú, pero para otros significa una forma de vida, una expresión y una fiesta que solo la viven quienes entienden la razón de ser del anime, la mitología y aquellos superhéroes que marcaron la infancia de la mayor cantidad de millennials.
Ricardo y su Apolo de Record of Ragnarok
“Mi nombre real es Ricardo y represento a Apolo de Record of Ragnarok, que es una batalla de dioses con humanos", mencionó el aficionado.
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Su look era potente. Cabellos rígidos y en punta de color rosado, accesorios dorados en la cabeza, el cuello y los brazos, lentes de contacto verdes impactantes y un curioso vestido celeste que se abría en el pecho para dejar caer una gran cadena, tipo gargantilla, que le llegaba hasta el diafragma.
“La verdad es que estuvimos planeando con un grupo de cosplay que tengo y quisimos estrenarlo aquí en el Budokan, porque es una de las más grandes convenciones que tiene el país", contó Ricardo.
La fila iba avanzando. Ricardo se quedó pensando cuánto invirtió en su traje que le valía el orgullo de sentir el apego de la gente y cómo, niños principalmente, se acercaban a pedirle una foto.
“Yo creo que alrededor de $ 160 - $ 180 están invertidos en el traje, porque fueron peluca, lentes de contacto, maquillaje, accesorios y mandar a hacer el traje, todo eso me costó“, sonrió mientras lo explicaba.
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Édison Saldaña como el Dios Buda
Al ingresar en el predio, Raúl se encontró con el resto de sus amistades. Entre los lujosos trajes estaba Édison Saldaña, quien representaba al Dios Buda, de la serie Record of Ragnarok.
“Es muy impresionante porque represento la bondad y la espiritualidad”, comentó Édison.
Con una gran antorcha en el brazo derecho, lentes rojos, una peluca amarilla y azul, sumado a la túnica naranja que le llegaba hasta la cintura y colgaba de la intersección de los antebrazos, Édison contó el tiempo empleado en el cosplay y cuánto económicamente está puesto en ello.
“Me costó unos dos meses en tiempo y en dinero siquiera unos $ 300. Espero poder aprovechar este momento para expresar mis gustos a través del traje", apuntó.
La diversidad de personajes y el costo de la pasión
La plaza central del Centro de Exposiciones estaba repleta. Desde el primer callejón ya había comercio, comida, gente alistando sus trajes y el personal de la logística que también disfrutaba la creatividad de los simpatizantes.
Una vez dentro, en la sala principal parecía que no había piso. La convocatoria fue tal que no había estand vacío. Compras, juegos, música y algarabía se hicieron del momento y lo envolvieron.
Entre miles de personajes de animes reconocidos, como Dragon Ball Z, Demon Slayer, Naruto, Doraemon, los Supercampeones o One Piece, estaba Jack el Destripador, símbolo de Record of Ragnarok.
El joven David López lo estaba interpretando. Un sombrero café, peluca gris, un solo lente en el ojo izquierdo y dos guantes con garras parecidas a Wolverine lo hacían entrar en el personaje de una forma sencilla, pero única.
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“Me llama la atención que mi personaje no es tan querido por la gente y en toda la trama del anime Jack tiene mucho carisma”, sostuvo.
Con $ 250 David construyó su cosplay que dijo ser el que más le ha costado en todos los años que ha participado en el evento.
El escenario K-Pop: baile y competencia
Al fondo del salón se había instalado una gran tarima. Allí los fanáticos esperaban a guerreras K-Pop, pero antes, a los trece grupos que se habían inscrito para participar en el concurso de baile surcoreano que abarca estilos como el pop, hiphop y la electrónica. (E)








