La periodista madrileña Inés Martín Rodrigo ganó este jueves la 78 edición del Premio Nadal de novela, dotado con 18.000 euros, con su obra Las formas del querer, que Editorial Destino publicará el próximo 2 de febrero.

En el acto de proclamación exclusivamente reservado a la prensa, al suspenderse la tradicional velada literaria a causa de la pandemia, Martín Rodrigo, que se había presentado al galardón bajo el seudónimo de Candela Vázquez Soto, ganó el Nadal con la novela Las formas del querer, que tenía el título ficticio de La vida que se fue.

Narra la historia de la protagonista, Noray, quien, como la autora, cree en “el poder terapéutico y reparador de la literatura, y ahora más que nunca con la pandemia”.

Al conocerse el fallo, Martín confesó: “Es un sueño cumplido, la prueba evidente de que las ficciones que nos inventamos para nosotros mismos a veces se hacen realidad”, y tuvo palabras de recuerdo para su madre Aurora -”todo lo que hago es para ella y también esta novela”-, que murió cuando la autora tenía 14 años.

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“Lo que no se nombra no existe y por eso decidí escribir esta novela, en busca de un poco de luz en mitad de los tiempos tan oscuros que nos está tocando vivir, y no solo por la pandemia”, señaló Martín Rodrigo, para quien “las palabras escritas, leídas han sido siempre el mejor refugio, como lo son para Noray”.

Ante una crisis emocional muy grave que la lleva a tocar fondo, Noray recurre al “refugio de las palabras” como la propia periodista madrileña he hecho tantas veces, y el personaje se enfrenta asimismo, en un juego metaliterario, a la escritura de una novela que lleva tanto tiempo rehuyendo.

En esa novela Noray se apoyará en los recuerdos de su abuela Carmen, la de su propia familia, paralela a la de España, desde la Guerra Civil hasta los comienzos del siglo XXI, acompañada por los personajes protagonistas de su vida y también de los secundarios que viven en los márgenes de la realidad; y “se dará cuenta de que la mejor manera de amar es siendo fiel a sí misma”.

Inés Martín comenzó a escribir esta novela hace casi dos años y medio, de la mano de la que fue su primera editora, Belén Bermejo, que falleció hace algo más de un año y que decía: La alegría es nuestro deber diario.

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El duelo de la madre en su juventud y de la editora y amiga es algo que le ha acompañado siempre, porque “el duelo no se cura, es una forma de vivir y eso le pasa a Noray”.

No obstante, la ganadora del Nadal aseguró que no se trata de una novela autobiográfica: “Aunque Noray tiene muchas cosas de mí, ella pierde a dos seres muy queridos, que le han enseñado a vivir, a querer, a disfrutar de la vida y, ante esa pérdida, no sabe cómo afrontar el futuro pero tampoco el presente y la única manera de seguir adelante es escribiendo”. (I)