Lo que comenzó como un momento cotidiano entre madre e hijo terminó convirtiéndose en un proyecto editorial con aspiraciones de crecer.
Cachito el cachorrito, el primer libro de Amanda Illingworth, nace desde un espacio íntimo: la rutina nocturna de lectura, ese instante en el que, más allá del cansancio del día, se construyen vínculos, recuerdos y también historias.
Illingworth tiene 26 años, trabaja en el negocio familiar Postres Diana Carrión desde hace cinco como gerenta general y es madre de un niño pequeño. Su formación académica no está vinculada a la literatura, pues estudió turismo en la universidad, pero la escritura y lectura siempre han sido parte de su vida, desde un lugar personal. Según cuenta, solía usarlas como una forma de organizar pensamientos y una especie de pausa dentro de la rutina: escribir en cuadernos, llevar agendas y plasmar ideas era parte de su día a día.
Publicidad
La idea de publicar un libro no surgió como un plan de vida, sino como un objetivo puntual. A inicios del año pasado, dentro de una dinámica familiar en la que escriben metas y las guardan para revisarlas al año siguiente, se propuso publicar su primer cuento. Meses después, al reencontrarse con ese propósito, decidió hacerlo realidad.
En paralelo, había algo que ya venía tomando forma sin que necesariamente lo planificara: las historias que le contaba a su hijo antes de dormir. “Siempre trato de estar presente para el momento de acostarlo, de hacerlo dormir y de mantener esta rutina de lectura”, cuenta. Ese espacio no solo fortaleció el vínculo entre ambos, sino que se convirtió en un terreno creativo. Empezó a inventar canciones, frases, rimas e historias que, con el tiempo, comenzaron a repetirse y a tomar estructura.
Ahí aparece el origen de Cachito. El personaje no es casual: está inspirado en un peluche dálmata que la acompañó durante toda su infancia. Ese juguete, llamado Cacho, fue mucho más que un objeto. La acompañó en mudanzas, viajes y momentos importantes, a tal punto de convertirse en una presencia constante. Sus padres, además, lo utilizaban como una herramienta para enseñarle valores y transmitirle lecciones. Años después, ese vínculo se replicó en una nueva generación. El mismo peluche pasó a manos de su hijo, reforzando una conexión emocional que atraviesa el libro. “Muchas de las historias que he escrito también tienen cosas mías, de mis hermanas o del entorno familiar en el que crecí”, señala, dejando claro que el cuento no solo habla de su hijo, sino también de su propia historia.
Publicidad
Publicidad
Cachito el cachorrito cuenta la historia de un dálmata que nace completamente blanco, sin manchas. A partir de ahí, el personaje inicia una búsqueda para encontrarlas, creyendo que están en el exterior. Sin embargo, a medida que avanza el relato, las manchas comienzan a aparecer como resultado de sus experiencias y aprendizajes. La metáfora es clara: los niños llegan al mundo como un lienzo en blanco.
“Es nuestro privilegio, pero también nuestra responsabilidad, tratar de dejar en ellos las mejores ‘manchas’ posibles”, explica la autora. Cada una de estas manchas simboliza un aprendizaje, una experiencia o un valor. En el primer cuento, el eje central es el amor familiar. Cachito sale a buscar algo que cree que le falta, pero al regresar a casa descubre que siempre estuvo ahí. Es en ese momento cuando aparece su primera mancha: un corazón.
Publicidad
La historia, además, está escrita en rima, una decisión intencional que busca facilitar la comprensión y hacerla más atractiva para los niños. Pero el proyecto no se limita al libro. Illingworth plantea Cachito como un universo más amplio. Ya existe una canción del personaje, escrita por ella y producida con inteligencia artificial, disponible en plataformas digitales como Spotify, Apple Music y YouTube Music.
Además, creó un juego de memoria con tarjetas, pensado para extender la experiencia más allá de la lectura. Esta expansión responde también a una inquietud personal: reducir el uso de pantallas en la infancia. La autora reconoce que muchas veces los padres recurren a dispositivos por cansancio, por lo que buscó crear alternativas que mantengan a los niños entretenidos, pero con contenido significativo. La idea es que el personaje se convierta en un “compañero de lectura” y en un incentivo para que los niños se acerquen a los libros.
El proceso de publicación fue independiente. Trabajó con la ilustradora ecuatoriana Andrea Echeverría, quien desarrolló tanto la portada como las imágenes del cuento. La impresión se realizó en el extranjero y la distribución ha sido gestionada directamente por la autora.
Actualmente, el libro se puede encontrar a través de su página web, así como en Librería Española, Mariposa Gift Shop, los locales de Postres Diana Carrión, Minimondo y El Librero Mágico. Su precio es de 18 dólares.
Publicidad
Más allá de la venta, Illingworth ha apostado por el contacto directo con su público. Realiza lecturas en distintos espacios, donde combina música, actividades y narración. En estos encuentros, los niños interactúan con el personaje a través de un peluche, generando una experiencia más cercana y participativa.
El proyecto, además, ya tiene continuidad. Illingworth confirmó que el segundo libro de la serie está ilustrado y en proceso de impresión, con la intención de publicarlo en junio. También existen al menos dos historias adicionales ya escritas, en las que seguirán apareciendo nuevas “manchas” en el personaje, cada una asociada a distintos aprendizajes. (E)






