Ha estado alejado de la pantalla chica por un tiempo prolongado y necesario. Los estudios de televisión y las entrevistas quedaron en pausa. La pauta no la marca la agenda del día, en esta ocasión su salud es prioridad. El periodista guayaquileño Miguel Cedeño fue diagnosticado con cáncer linfático el año anterior. Desde entonces, y como era de esperarse, su vida ha cambiado. Los viajes y fiestas han disminuido, ahora sus citas frecuentes se dan en el hospital para someterse a quimioterapia o revisión; la mano izquierda se ha convertido en su mejor aliada mientras recupera la movilidad de su brazo derecho y pasó de beber gaseosas todo el día a reemplazarlas con agua.

El periodista ecuatoriano Miguel Cedeño se declara en guerra por su vida. Foto: José Beltrán

A nuestra cita llegó acompañado de su madre. La fortaleza de su progenitora es notable, ella se ha convertido en su inseparable compañera. Ni el sombrero, gafas y mascarillas que cubren el rostro de Miguel logran que pase desapercibido. Cuando habla, el tono de su voz y su risa lo delatan. Sí, tiene cáncer pero la enfermedad no lo ha intimidado. Le ha dado fuerzas, le mostró sus opciones, le abrió los ojos a la realidad.

“Yo jamás me lo esperé, pero cuando comencé a sentir estos bultos en el cuello y las axilas me dije esto no es normal, pero como estaba de paseo traté de decirme que no era nada malo, pero internamente ya sentía que algo malo estaba pasando con mi cuerpo porque no me sentía normal, y ahí fue cuando ya no aguantaba más el dolor, sobre todo del brazo derecho que es el más comprometido y fue cuando le dije a mi mamá que algo malo estaba pasando y que vayamos a un médico. Él es quien me dice: eso es un linfoma. Yo desde ahí fui asimilando lo que podría tener”, cuenta.

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A finales de noviembre recibió la noticia junto con su madre. “Ya después de haberme sometido a la biopsia es cuando me dicen que yo padecía de este cáncer linfático y que debía recibir quimioterapia como parte del tratamiento. Al inicio me dije: ya con tratamiento pasa. Luego cuando ya pasaban los días y yo estaba encerrado en un cuarto y ya no tenía esa actividad diaria en el programa y todo, ahí fue que yo dije: Dios mío, cuándo voy a regresar a mi trabajo. Fue lo primero que se me vino a la cabeza. Luego vino lo del brazo, que me hizo desviar mi atención del cáncer. Después de la biopsia, sentí que mi brazo comenzó a hormiguear y a perder la movilidad, vivo con un hormigueo diario e hincones. Según mi médico Carlos Plaza, y mi fisiatra, me dicen que eso es una buena señal y que es posible que pueda recuperar la movilidad completa. Antes eso me preocupaba, pero ahora con tal de estar vivo y limpiarme de este cáncer, es lo primordial”, revela.

El comunicador guayaquileño en su habitación en la clínica de Solca luego de una sesión de quimioterapia. Foto cortesía


¿En qué momento sus médicos le dijeron que ya no podría ir a trabajar?

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Desde el primer instante en que empecé con el dolor intenso, nunca tuve un dolor que se acrecentara, desde el inicio fue intenso y lo soporté y no dije nada, que fue un descuido mío, yo siempre me automedicaba, que está mal, cuando ya no aguanté le dije a mi mamá que ya no podía ir (al trabajo) y con el dolor de mi alma porque yo he ido hasta con 38 de temperatura a trabajar. Solo había faltado cuando algo era grave y literalmente esto era grave y sin saber aún los resultados de los exámenes. El brazo estaba megahinchado, esta parte de la cara también, yo ahí tenía un poco más de peso.

Hubo una temporada en la que bajó considerablemente de peso y luego volvió a recuperarlo.

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Luego yo descubrí que lo que bajé había sido síntoma de esto (el cáncer) y el subir también, pero ahí yo no tenía estos bultos, pero me decía: bueno por la anemia, la mala alimentación, el comer a deshoras, pero luego cuando me inmiscuí con el tema del cáncer fue que supe que uno de los síntomas era perder peso y eso fue lo que a mí me pasó en el año de la pandemia.

¿Desde el inicio se atendió en Ecuador o salió del país por temas médicos?

Siempre comencé aquí en Ecuador, aunque al inicio por mi seguro médico me recomendaban irme a España porque tenía toda la apertura por el seguro internacional que poseo gracias a Dios, que hace dos años justamente adquirí y que fue por insistencia de Tani Bermeo (hermana de Sharon). Desde el inicio decidí atenderme acá, en la clínica privada Juan Tanca Campozano, de Solca. Me hubiese arrepentido mi vida entera de no haber comprado el seguro médico, esta enfermedad es cara y gracias a eso es que estoy bien.

Asegura que el cáncer no es sinónimo de muerte, ¿lo ve como una oportunidad de cambio?

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Como una segunda oportunidad, para mí esto es y siempre lo he dicho es una segunda oportunidad que Dios me dio para valorar más a mi familia. Yo he leído comentarios que la gente me pone de cómo hago para estar tan feliz o por qué me río. La otra vez leí un comentario que me ponían que ni parece que tuviera la enfermedad porque estoy riéndome de oreja a oreja, pero es que yo no me muestro en redes cuánto yo ya he llorado, no posteo fotos llorando y ya no tengo ni lágrimas, al inicio que fue lo más complicado. A ratos sí, me da depresión, como desesperación de saber cuándo voy a recibir mi diagnóstico final de que ya me curé, porque yo tengo toda la fe de que me voy a curar, pero estoy con esa ansiedad de que quiero terminar, recuperar mi movimiento y volver al ruedo.

Ahora estoy viviendo con mis tías Dolores y Elvira, de hecho todas mis tías, pero ellas están más pendientes. Una me complace con la comida, porque yo debo seguir una alimentación muy especial, pero yo he sido muy comelón y si me gusta el caldo de bolas ahora me lo hacen sin maní, sin grasa, y me lo hacen a mi nuevo estilo de vida. Ahora soy cero cola, cuando antes era colero. Antes nunca tomaba agua, yo tomaba cola desde el desayuno, yo era fanático de la comida chatarra.

¿Qué otros cambios han implementado?

La pérdida de peso, el pelo, cuando se me empezó a caer. Un día que ya no aguantaba que la almohada amaneciera llena de pelo, le dije a mi mamá que me comprara una máquina y me rape la cabeza y me quedé feliz, y ahí descubrí que tenía la cabeza redonda y no achatada, porque me preocupaba que mi cabeza fuera fea.

Ahora yo voy a Solca y es como estar con familia, las enfermeras son divinas. Depende mucho de la actitud de las personas, el trato en donde estoy es lindo, las enfermeras y los doctores tienen un compromiso con Dios y los pacientes. Yo decidí tomar esto como una experiencia positiva y continuar, si no esta enfermedad me ganaba.

Miguel junto con los doctores Valeria Ortega (i), Ariana Aspiazu y su especialista Carlos Plaza. Foto cortesía

¿Cómo es Miguel ahora?

Yo siempre he dicho que el cáncer no va a cambiar mi esencia, yo soy divertido, soy alegre, soy bromista, pero el cáncer no me va a cambiar ni me cambiará. Yo si tengo que criticar a alguien lo critico, yo me burlo y digo que aquí tengo al bebé, por mi brazo, y mis amigos me dicen que soy un idiota. Pero tengo que reírme de mí mismo para que no me afecte tanto como ya en algún momento pasó.

El doctor me dijo que saliera, que no me encierre, me pidió que no me ponga triste, porque esta enfermedad deprime a mucha gente. Y ahora lo que he conocido de este nuevo Miguel es a un Miguel más familiar, a un nivel que ahora quiere recuperar el tiempo perdido, quizás con su madre, con sus tías, ellas son como mis mamás. Y antes ellas me invitaban y no iba por trabajo o irme de viaje, y ahora que estoy con una de ellas, hasta me ha dado su habitación para estar más cómodo. Ahora estoy con ellas para evitar contagiarme, ya que mi hermana por su trabajo sale todos los días. Yo estoy feliz, yo me crie con ellas. Mi tía Elvira me pregunta todos los días qué quiero comer antes de cocinar.

En esta nueva etapa de vida, ¿qué agradece?

Agradezco el cariño de la gente, con mi familia siempre lo he sentido, pero creo que Dios me hizo ver lo valioso que es contar con ellos porque antes no lo veía así. Ahora lo he comprobado, eso es lo único que uno tiene, la madre, la familia, los amigos, el público.

En las temporadas buenas se conoce a los amigos y en las malas a los verdaderos, ¿lo ha experimentado?

Así es, he descubierto quiénes son mis verdaderos amigos y también he descubierto quiénes no lo son. Totalmente.

¿Se han alejado solos?

Sí, se han alejado solos, he sentido eso, pero también es una confirmación porque yo soy muy intuitivo y las personas que quieren estar conmigo en este proceso son las que tienen que estar y con las que voy a compartir yo cuando esté ya completamente curado. Siento que ahora estoy en un momento espectacular de mi vida, en la que he recibido mucho amor y quizás ya no recibo el mismo hate (odio) de antes.

¿Antes recibía mucho odio?

Sí, por mi trabajo, por la farándula, por mis comentarios, hay personas que se apasionan mucho por ciertos personajes y quizás algún comentario mío que no era tan positivo ya recibía comentarios negativos.

Pero si lo hacía como la Cerecita, este es un personaje para la pantalla.

Ni tanto, la Cerecita es parte de mí, pero eso sí me ha gustado, el cariño de la gente cuando me los encuentro en la calle, aunque ande con mascarilla y gorra me dan palabras de aliento.

¿Piensa en la muerte?

Desde el primer instante. Cuando yo escuché cáncer le dije a mi mamá: me voy a morir, ¿qué va a pasar? Si me muero habla con Marlon (Acosta, su productor y amigo) para que me haga una telenovela como Sharon e incluso llamé a un amigo para que haga mi papel. Pero todo eso quedó en la nada porque mi mamá me dijo: tranquilo que todo esto va a pasar. Y de ahí, poco a poco fui asimilando las quimioterapias (ya está en su cuarta etapa de seis ciclos).

Miguel Cedeño se ha vuelto una visita constante de Solca. Cuando no está en sus quimioterapias, desarrolla y apoya actividades sociales para otros pacientes. Foto cortesía

Guerreros de vida, su retorno a la TV

Este proyecto comenzó cuando los estragos de la quimioterapia le impedían comer. En Solca conoció a la abogada Valeria Constante, quien ahora se ha convertido en su amiga. “Ella tenía una historia más fuerte que la mía, me dio mucho ánimo. Ella hizo un evento por el Día del Amor, el lunes 14 estaba con ella en Solca entregando flores, cupcakes y rosas y al día siguiente era el del cáncer infantil. Entonces le propuse a Marlon que saquemos estas notas con una colilla especial. Él me dijo que estaba por proponerme que entreviste a otras personas que al igual que yo estén pasando por la misma situación, y de ahí, gracias a Dios y a la relacionista pública María José Guillén, me dio toda la apertura para poder hacer los reportajes”, refiere.

Guerreros de vida es un segmento que forma parte del programa De boca en boca. El espacio se estrenó este martes y ya tiene grabados nueve casos que se presentarán una vez por semana.


“Estoy muy contento, muy emocionado, muy feliz porque esta era la oportunidad que yo quería para regresar a la televisión, pero para conocer más de este mundo, que ya conocía a través de la labor social, pero en el que no me había involucrado tanto como hasta ahora”, admite.

¿Cuándo tiene previsto volver presencialmente a la pantalla?

Con pelo o sin pelo, en junio que yo quiero o en julio, depende de muchas cosas. Estar libre de cáncer, esperar si tengo que operarme, si tengo algún residuo de algún tumor, ver eso, que mi doctor me ha dicho que no cree, y debo ver si voy a recibir radioterapia, que es después de los seis ciclos.

Mi último ciclo se cumple en mayo, y después de mi cumpleaños recibo mi último ciclo, que estoy seguro será una respuesta positiva. Espero recuperar la movilidad del brazo y si no, ya me veo mandándome a hacer los cabestrillos en diferentes colores con mis ternos, pero de que vuelvo, vuelvo, eso ya está dicho. Yo voy a seguir en la farándula, pero involucrándome más en la labor social.

¿Opinar sobre la vida de otras personas, al volver a la pantalla, no hará que los comentarios negativos vuelvan?

Todo es pasajero, lo mismo le pasó a Luis Antonio Ruiz, cuando él regresó y como él siempre ha sido muy enérgico, muy frontal cuando ha tenido que emitir un comentario había personas que comentaban, pero trabajo es trabajo y yo lo disfruto y es mi pasión y la gente que me quiere y me conoce en realidad va a tener que saber entender que debo regresar a mi trabajo y es de lo que vivo, lo que me gusta y es lo que voy a hacer. Yo antes de tener cáncer nunca le he hecho daño a nadie con un comentario, nadie se ha sentido ofendido.

¿Cuál es su deseo adelantado de cumpleaños?

Curarme y recuperar la movilidad de mi brazo, espero para esa fecha que el doctor me diga que estoy libre de cáncer. Espero celebrarlo con mi familia, las reuniones entre amigos ya no serán sino algo más familiar e involucrar a estos nuevos amigos que he hecho y que se han convertido en mi familia.

¿Qué le ha enseñado el cáncer?

Me ha enseñado a ser mejor persona, no es que antes era mala persona, pero me siento más humano, veo la vida de otra forma, antes era superficial y veo ahora todo desde otra perspectiva. (I)