Lady Kitty Spencer tenía solo un año cuando salió por primera vez en una revista de modas, y apenas había cumplido 7 cuando su tía, la princesa Diana, falleció en un accidente automovilístico en París, en 1997.

Nacida en Londres, pero criada en Sudáfrica, la hija de Carlos Spencer y la también modelo Victoria Lockwood (divorciados) ha perseguido una serie de intereses académicos en universidades de Ciudad del Cabo, Florencia y Londres, antes de obtener una maestría en Administración de Marcas de Lujo.

De momento está vinculada a la agencia Storm Models, y ha trabajado con marcas como Estée Lauder, Bulgari, Dolce & Gabbana, Vogue, Ralph Lauren y Harper’s Bazaar. Es uno de los rostros conocidos de la Semana de la Moda de Milán. Su prometido es el millonario judío propietario de Foschini, Michael Lewis (61).

Una niñez alejada de los ‘paparazzi’

Cuando la princesa Diana y Carlos de Inglaterra se divorciaron en 1995, los Spencer se mudaron a África para escapar de los paparazzi. Kitty llegó a los 5 años a vivir en Ciudad del Cabo, y al crecer se interesó en la psicología, la política y la literatura, y luego en la historia del arte.

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Al volver a Londres, hizo su primera aparición pública junto con sus primos Enrique y Guillermo, en una conmemoración por los diez años de la muerte de Diana, en 2007. Empezó a destacar y pronto fue nombrada una de las diez solteras británicas más elegibles por la revista Tatler.

Esto empezó con su asistencia a la boda de Enrique y Meghan Markle; no era demasiado conocida, pero llamó inmediatamente la atención de los medios. Para ella fue inesperado, tal como dijo a la revista Harper´s Bazaar: “Mis seguidores de Instagram fueron de 17.000 a un millón en una noche. Tuve que desactivar las notificaciones, porque mi teléfono iba a morir”.

Después de una semana de la boda, ya era embajadora de Bulgari, con compromisos en Nueva York, Moscú, Dubái, Pekín y Ciudad de México. Pasa sus vacaciones en Sudáfrica con su familia. Y aunque su base está en Londres, pasa muy poco allí.

Su cuenta está dedicada a su profesión: la moda. Se compone de sesiones de fotos, videos y portadas de revistas, sobre todo las realizadas para Dolce & Gabbana. Habla con admiración de las supermodelos a las que ha podido conocer; se considera “poco fotogénica” al lado de ellas, y considera que su propia carrera en la pasarela es de corto plazo, y por eso trata de esforzarse y vivirla con emoción.

La artista del maquillaje Mary Greenwell, quien trabajó con la princesa Diana en las décadas de 1980 y 1990, describe a Kitty —cuyo rostro también ha adornado— como una persona dispuesta y abierta, tal como Diana. “Es más bien libre, hay una sensación de libertad en ellas. Es importante, porque así no fueron apagadas por su crianza y sus circunstancias”.

Pero el amor por la moda y su cabello rubio y ojos azules no son las únicas cosas que la asemejan a su tía. Participa activamente, como la princesa de Gales, en el trabajo caritativo, al prestar su imagen a varias asociaciones de apoyo. Es madrina de Give Us Time, una campaña que ayuda a los soldados a tomar vacaciones con sus familias, y de la organización Centrepoint, que tiene como meta ayudar y dar albergue a jóvenes sin hogar.