El feriado de Carnaval ya está en el horizonte. Es uno de los más esperados del año y, en 2026, llega con cuatro días seguidos de descanso. El lunes 16 y martes 17 de febrero se suman al sábado 14 y domingo 15, para marcar el segundo asueto nacional del calendario.
Y aunque muchos piensan de inmediato en viajes a la playa o escapadas a la Sierra, el Carnaval también se vive puertas adentro, en la cocina. Entre ollas al fuego, aromas que despiertan recuerdos y recetas que pasan de generación en generación, la gastronomía ecuatoriana se vuelve protagonista.
Por eso, aquí van tres platos tradicionales de la Sierra y la Amazonía que suelen acompañar estos días de descanso. Sabores intensos, historia viva y mucha identidad en cada bocado.
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Mote pata, el infaltable del Carnaval
Si hay un plato que grita Carnaval en la Sierra sur, ese es el mote pata. Originario de Cuenca, es considerado uno de los grandes reyes de la fiesta. Su nombre viene de la palabra “patazhca”, de origen kichwa–cañari, que significa mote muy cocido. Y eso ya dice mucho.
Esta sopa espesa y reconfortante combina mote pelado con lomo de chancho, chorizo, tocino, pepa de zambo, leche y un refrito lleno de sabor con cebolla, ajo, comino, achiote, pimienta y sal. Es de esos platos que se disfrutan despacio, cuchara en mano, ideal para compartir en familia.
Preparación básica
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Primero se cocina la carne de cerdo junto a los embutidos. Luego se retiran y se dejan enfriar. En otra olla se prepara el refrito con aceite de achiote, ajo y cebolla blanca. Ese refrito se añade al caldo donde se cocinó la carne, junto con el mote, el maní y la leche. Se cocina a fuego medio, sin dejar de revolver, hasta que espese.
Si hace falta, se agrega un poco de agua caliente. Al final, se incorporan nuevamente las carnes y se deja hervir unos cinco minutos más. Listo. A servir y disfrutar.
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Chigüiles, tradición envuelta en hoja de maíz
Desde Guaranda, en la provincia de Bolívar, llegan los chigüiles. Sencillos, sabrosos y muy queridos. Están hechos a base de harina de maíz y queso, envueltos en hojas de maíz que guardan el calor y el aroma.
No se conoce con exactitud su origen, pero sí algo muy claro: forman parte de la tradición en la serranía desde hace generaciones. Se preparan especialmente en Carnaval y Semana Santa, aunque nadie se queja si aparecen cualquier otro día.
Hay quienes los prefieren con café caliente, otros con chocolate espeso o una infusión aromática. Y también están los que los comen así, sin acompañantes. Porque cuando algo es bueno, no necesita mucho más.
Chontacuros, el sabor ancestral de la Amazonía
En la Amazonía ecuatoriana, el Carnaval también tiene su propio protagonista: el chontacuro. Su nombre viene del quechua y significa “gusano de la chonta”. Es una larva, similar a una oruga, que forma parte de la alimentación tradicional de varios pueblos amazónicos por su alto contenido de proteínas y grasas naturales.
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También se los conoce como mayones entre los Tsáchilas. Para recolectarlos, se aprovechan palmas con palmito listo. Se deja que el escarabajo deposite sus huevos y, tras uno o dos meses, se recogen las larvas del tronco. En lengua shuar se llaman “mundish” y en achuar, “muquindi”.
La forma más común de comerlos es asados a la brasa, atravesados en un pincho y acompañados con yuca, plátano y ají. También se preparan envueltos en hoja de plátano o fritos en su propio aceite. Antes de cocinarlos, se lavan y se sazonan solo con sal. Algunos incluso los consumen crudos, como parte de la medicina ancestral.
Tres platos y una misma esencia. El Carnaval en Ecuador no solo se celebra con agua, música y viajes. También se celebra alrededor de la mesa, compartiendo sabores que cuentan historias y nos recuerdan quiénes somos. (F)






























