La primera vez que atendí un evento organizado por PalabraLab fue en el 2012, en el debut de Ciudad Mínima, un festival de micronarrativa con la meta de impulsar la lectura no tradicional. De esa actividad me quedó de joya una selección de microrrelatos que se publicó físicamente por medio de una editorial artesanal, un libro con tapas de cartón reciclado y decorado con brochazos de témpera.


