“Cumplí 40 años y sigo pobrísima”, expresa una frase con letras en dorado, de autoría de la artista Gabriela Chérrez, quien decidió plasmar algunas de sus desventuras vividas en Miami para crear una serie de pinturas en acrílico llamada El problema es que no juego de local. “De alguna manera ya no las miro con pena ni tristeza, sino que las veo de alguna forma divertidas. Saco conclusiones, hago un balance de la situación y termino haciendo estas doce frases donde intento explicarme qué es lo que me ha sucedido, o finalmente me termino aconsejando”, afirma la guayaquileña, que con su obra es parte de la exposición The meaningful meaningless, que se inauguró recientemente en el espacio cultural Casa del Barrio.

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Chérrez cuenta que algunos visitantes ya se han identificado con sus cotidianas frases. “Me interesa que el espectador empatice con mis desventuras o con mis miserias, pero siempre con humor”, dice la artista, quien emplea colores pastel en cada cuadro en referencia a la paleta de colores de los edificios art déco de Miami Beach. Mientras que con las letras brillosas busca hacer alusión al popular dicho que dice que “no todo lo que brilla es oro”, evocando de esta manera el glamur y la fiesta.

'El problema es que no juego de local', de Gabriela Chérrez es una serie de acrílico y diamonds dotz sobre canvas. Foto: Cortesía

La muestra reúne a cuatro artistas que también son cuatro amigos que hace años compartieron las aulas de clases de lo que fue el ITAE. Anthony Arrobo, Gabriela Fabre, Daniel Chonillo y Chérrez coordinaron por Zoom una exhibición que hable de lo insignificante. “Toda la exposición tiene esa carga, porque son como cosas contidianas o cosas mínimas que están reflexionando”, indica Arrobo, una de los exponentes.

“Discursar sobre lo insignificante en arte contemporáneo nos puede remitir a momentos que, aunque se pierden en el gran relato histórico, forman parte de microrrelatos personales”, sostiene el texto curatorial.

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Arrobo presenta dos piezas pintadas con acuarela que nacen del juego con el color, con el que viene experimentando desde el 2020. “La premisa principal es que voy a jugar con la geometría y voy a jugar con el color... Solo coloco color en el borde de la cartulina y, por la manera como ha sido tratada la cartulina (empapada de agua), se hace así mismo (se esparce), y de eso deviene el título de cada una de las piezas”, describe el artista, quien encuentra “cierta belleza implícita en los errores y accidentes”.

'Red border', de Anthony Arrobo. Acuarela sobre cartulina arches. Foto: Ronald Cedeño

La iniciativa de la muestra nació de Chonillo; de hecho, el nombre de la exposición parte de una de las series que trabajó anteriormente. Le alegra que luego de tanto tiempo pueda volver a compartir un espacio con sus colegas. “Nos dimos cuenta de que había una conexión entre lo que hacíamos todos... Y eso es chévere, porque tenía años que yo no estaba alrededor de galerías o exposiciones”, menciona el joven, que participa con seis obras de animación y un video.

En la obra de Chonillo se pueden apreciar unos cuadros, cuyas imágenes congelan un instante. “Es bonito estar enfrascado en un momentito tan efímero, tan fácil de que se evapore, pero dejarlo allí contenido”, expresa.

Pues el tiempo y la memoria han estado presentes en su trabajo, a través de estos frames repetitivos que parecieran extraídos de escenas de películas de animación. En un texto compartido a este Diario, el artista manifiesta que parte de “una preocupación constante de la pérdida de recuerdos y fragmentos de acontecimientos que pasamos por alto, que se olvidan pero que siguen presentes”.

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“Mi obra se caracteriza por dar relevancia a estos momentos en los que los recuerdos luchan contra la memoria para mantenerse vigentes, para no perderse en el tiempo”, añade sobre estas pequeñas animaciones que combinan “vivencias peculiares del día a día con el absurdo, la exageración y una especie de realismo mágico”.

Daniel Chonillo presenta seis obras y un video animación. Foto: Cortesía

En tanto, Fabre participa en la muestra colectiva con una instalación denominada Diseño interior para buscar alimañas, que consiste en una escultura que reproduce una escalera. “Esta obra invita al espectador a usar y experimentar una escalera que no conduce a otro lugar, pero sí a otros estados de ánimo comunes, como el de “mirar al techo””, menciona en un texto la artista.

“Cada escalón indica la forma en la que se deberá subir. Al llegar al final se encuentra una lupa, que se la tomará para mirar el techo. Ideas de donde parto para reflexionar”, añade.

La exposición estará abierta de martes a viernes, de 14:00 a 18:00; y los sábados, de 11:00 a 15:00, en el espacio situado en Panamá 200 y Juan Montalvo. (I)

'Diseño interior para buscar alimañas', instalación de Gabriela Fabre. Foto: Cortesía