El 9 de mayo se inaugurará en la 61.ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia el pabellón de Ecuador, con dos propuestas; en lo audiovisual estará a cargo el Colectivo Tawna Cine en Territorio, que irá con las películas Llaqui y Kawashima.

“Somos los primeros amazónicos en estar en esta bienal”, dicen Sani Montahuano y Enoc Merino Santi, artistas de Tawna, explicando que quieren mostrar el territorio en el cual construyen sus experiencias: la Amazonía.

Tawna se describe como un colectivo anticolonial, indica Merino. “Lo que queremos decirles es que todo este imaginario que han construido de los pueblos indígenas que habitan en territorio, ese discurso que se maneja menospreciando nuestro conocimiento, nuestra forma de construir sociedad o la forma en que nos encasillan en ciertos espacios, es lo contrario: tenemos nuestra propia forma de construir conocimiento, de comprender el arte, de construir una sociedad en relación con la selva que nos rodea”.

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Para ellos, es muy importante el territorio; por eso lo incluyen en su nombre. “No solo lo habitamos los humanos, sino los no humanos, nuestros seres espirituales con quienes mantenemos una relación habitual. La colonia ha descalificado todo este proceso”. Uno de esos mitos está en que los pueblos indígenas necesitan que alguien hable por ellos. “Nosotros también tenemos voces”.

Y con ellas están creando arte desde su punto de vista. “El arte puede ser comprendido en diferentes espacios; al arte occidental lo interpretan desde su experiencia. Nosotros también, desde nuestra experiencia y nuestro territorio”.

Esto viene en las obras seleccionadas por la curadora Manuela Moscoso, asignada por el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC). “La mirada no indígena e indígena se unen”, dice Sani Montahuano, de Tawna. “Vamos construyendo de la mano, ella nos va guiando y nosotros vamos contándole cómo queremos que nuestras obras sean vistas”. Los indígenas, añade, se apoyan en el mundo espiritual y el mundo de los sueños.

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Cine contado desde los territorios indígenas

Montahuano es una cineasta y comunicadora zápara, de la provincia de Pastaza. “Somos un pueblo muy pequeño. Justamente nuestra lengua está en peligro de extinción. Y la gente también”, señala.

Merino es de nacionalidad quichua canelo, también de Pastaza. Se identifica como warmi pangui: “Aunque, claro, no es necesario justificar nuestra sexualidad, pero trato de visibilizar o invocar este tema porque ha sido un tabú para los pueblos indígenas”. Warmi pangui es la persona que se siente atraída por el mismo sexo. “No es igual que homosexual o gay”, establece el autor de Warmi Pangui. Memoria, afectividad, cuerpo y persona en la Amazonía ecuatoriana (Abya Yala, 2024).

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Quiere decir que warmi pangui no es una persona excluida o marginada, sino que es parte de la comunidad. “Dentro de la sociedad indígena estas sexualidades han sido respetadas, se ha vivido con normalidad dentro de las comunidades; en la colonia se las ha invisibilizado o se ha tratado de exterminarlas”.

Merino es magíster en Cartografía Social y Política de la Amazonía y doctor en Antropología Social por la Universidad Federal de Río de Janeiro. En el corto Llaqui trata de reivindicar el warmi pangui: “Muestra parte de una etnografía que yo realicé para mi doctorado, de cómo se ha ido encasillado en el tabú”. Llaqui, amplia, tiene una manera diferente de hablar sobre temas que no se tratan en la sociedad no indígena.

Las obras no son solo videos; están acompañadas de fotografías e historias. Tawna es un colectivo de indígenas, no indígenas y mestizos, y una de sus fuentes es la oralidad. “Con nuestros compañeros también practicamos esto, les contamos cómo hemos crecido, los cuentos que nos han contado, vamos jugando con eso”.

También llevan su arte a sus propias comunidades. “Lo primero que hacemos con las películas que hacemos en territorios es mostrarlas en territorio. Para nosotros, el público más importante son nuestras comunidades”, asegura Montahuano.

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Un pueblo intérprete de sueños

La primera bienal en la que Tawna participó fue la de las Amazonías, en Belém, en el corazón de la selva brasileña. “Justamente presentamos la obra Llaqui. El colectivo está conformado por siete personas: Montahuano, Merino, Mukutsawa Montaguano, Bolo Miranda, Lucía Ferré, Tatiana López e Ipiak Montaguano.

Todos ejercen como escritores, directores, fotógrafos o productores, rotando los roles. “Somos polifuncionales, todos aportamos con ideas para construir una narrativa entendible, para construir nuestro videoarte”, agrega Merino.

Así hicieron Kawashima, la historia de cómo, para el pueblo zápara, el mundo físico y el onírico se unen. Hablan de la despedida de una persona que parte de este mundo pero no se va del todo, se queda en el espacio del sueño.

“Para nosotros, los sueños no son privados, no son íntimos: son colectivos”, señala Montahuano. “Yo sueño para proteger, para tomar decisiones; los sueños nos traen mensajes”. En Kawashima, el sueño va cambiando con la llegada de la colonización y del extractivismo. “Nuestros sueños indígenas van cambiando, se van contaminando”, y la realidad cambia con ellos. (F)