En 1995 se estrenó una película adolescente que se convirtió en un hito cinematográfico por varias razones: por su guión (una especie moderna de Emma, de Jane Austen), por sus frases (’as if!’, ‘whatever!’), por su banda sonora (cómo olvidar el Rollin’ with my homies de Coolio), y, especialmente por su vestuario, su llamativo y divertido vestuario que todos querían/queríamos emular en esa época. Una oda a la adolescencia de los 90.