El cineasta español Fernando Franco, que se consagró con La herida hace nueve años precisamente en San Sebastián, vuelve al certamen vasco para competir ahora con La consagración de la primavera, una peculiar historia de amor o de relación por encima del sexo, que une a un paralítico cerebral con una joven estudiante. EL UNIVERSO habló en exclusiva con el cineasta.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación para realizar esta historia tan inusual?

Ha sido largo, más que difícil. Recurrimos a muchas fuentes: películas, libros, material periodístico, en fin. Yo mismo asistí a un curso sobre asistencia sexual a discapacitados en Barcelona. Y debo admitir que resultó bastante apasionante meterme en este proyecto porque es un tema que no conozco. Le he prestado mucha atención y he ido descubriendo un montón de cosas en el proceso. La incorporación de Telmo (el discapacitado) en la película supone un paso más en ese sentido, ya que aportó cosas de su propia condición. Es decir, ha sido una documentación en tiempo real y en primera persona.

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¿Cómo llegó a unir la historia de diversidad funcional de David con la de la joven Laura y su búsqueda de una identidad sexual?

No quería hacer una película de tesis o en base a cátedras. No me gustan las películas de tema. Aunque el germen esta aquí presente, intento hacer más una representación del personaje. Por eso, me parecía importante contrarrestar la necesidad de sexualidad de una persona que tiene discapacidad funcional debido a una parálisis cerebral, porque de alguna manera hay que vencer estos prejuicios a priori que tenemos en general al respecto. Opté por tocarlo desde un sitio que nos afecta a todos, desde nuestros complejos, nuestras inseguridades. Todos hemos tenido un momento de definición sexual. Lo que ocurre es que nosotros pensamos a priori que la persona que más necesita de cuidados y atención en ese sentido es él, cuando igual esa chica bonita, que hemos visto en una fiesta tomándose una copa, tiene más inseguridades con su propio cuerpo.

Laura le ayuda con sus necesidades sexuales, al igual que David desde su invalidez le aporta mucho a ella para superar sus complejos. Al final ¿quién ayuda más a quién? ¿Cómo ha trabajado el guion para sustentar su historia?

Era fundamental para mí que el protagonista no fuese él, justamente para que no resultara una película sobre ese tema, por lo que he intentado buscar un equilibrio entre ambos. Ella va poco a poco logrando entrar en aquella habitación, hasta que llega a tumbarse en la cama de David, creando su propio espacio. Es una película sobre la intimidad y está hecha en contra de prejuicios.

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También involucra el elemento religioso en la historia. Laura proviene de una familia muy católica, pero decide igual llevar adelante este tipo de asistencia sexual…

Sí, me gustaba jugar con esa contradicción. De hecho, en un momento dado ella misma se plantea esto como una ayuda necesaria, como si con eso tuviese una coartada humanitaria, una ONG, para que todo tenga sentido. Y lo tiene, porque en realidad está ayudando. Creo que gran parte del prejuicio que tenemos sobre el tema del sexo tiene que ver con la cultura en la que nos formamos. Yo estudié doce años en un colegio jesuita, por eso, era importante para mí que hubiese algo de esto encarnado en el personaje. De hecho, lo hemos minimizado en el montaje en relación a lo que filmamos, eliminando detalles para que no parezca un subrayado.

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¿Puede haber sectores católicos que se puedan molestar por esto?

No hemos tenido ninguna reacción de este tipo. No ha habido un feedback negativo. Pero sí, por ejemplo, cuando estaba buscando el Colegio Mayor donde filmar, no nos dejaron entrar. Había siempre una predisposición.

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El título se relaciona con la pieza musical de Stravinski, que es bastante vanguardista, y tiene mucho que ver con la película. Supongo que es el nacer de Laura.

Sí, es el nacer de Laura. Es su consagración, como cuando un pedazo de pan se convierte en la hostia de Cristo. Aquí no hay este componente religioso, aunque sí hay una connotación. Para mí es como un tabú, una cosa apartada que de repente pilla otra dimensión y se vuelve en algo que se puede vivir de otra manera. En este caso es el sexo, y con esta persona inválida. La transgresión, en general, me interesa. Eso no quiere decir que la película sea transgresora.

Encontramos reflexiones sobre la maternidad en las cuatro películas españolas que compiten por la Concha de Oro en el Festival. Aquí, Emma Suárez interpreta a esta madre fuera de toda norma. ¿Coincidencia?

Pues no ha habido nada premeditado. Era importante resaltar la presencia de la madre de David, pues en las investigaciones era una figura que aparecía mucho, ya que el tema del cuidado del hogar tradicionalmente lo ha llevado la mujer. Me parece un personaje interesante y muy relevante para contar todo lo que está pasando allí.

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El final queda abierto, pero muestra una evolución que resulta en una liberación para ella. Nos lleva a diversas interpretaciones…

Eso es un poco spoiler (risas). Se trata de un personaje que está explorando y sigue buscando. Me gustan los finales abiertos porque me parece interesante que cada uno lo rellene un poco a su modo y le de cada cual su propia interpretación. Hay gente que se frustra, por eso en la narrativa clásica siempre hay un final. Pero me gusta que la gente se quede reflexionando.