La película que durante un tiempo nadie esperaba, porque su creador había dicho que se retiraría (van varias veces ya), se llevó hace poco el Globo de Oro al mejor filme animado, estuvo nominada a los Critics Choice Awards y aguarda la decisión de los Premios de la Academia.

Mahito, el joven protagonista de 'El niño y la garza', película candidata a un Oscar este año. Foto: GKIDS

Se estrena hoy en Ecuador como El niño y la garza, de Hayao Miyazaki, con una duración de 124 minutos. El título original se traduciría “¿Cómo vives?”, la misma pregunta que la madre del protagonista, el niño Mahito, le deja en un libro.

Él no lo sabe sino hasta varios años después de la muerte de ella, ocurrida al incendiarse el hospital donde estaba asilada. Mahito resulta herido tratando de salvarla, y ese incidente lo convierte en un niño callado y observador.

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Para cuando encuentra el libro, se ha mudado con su padre al campo, cerca de la próspera fábrica de propiedad de su familia y de la antigua casa donde los espera también la nueva esposa, Natsuko quien está embarazada.

La casa está junto a una torre, un sitio bloqueado porque los vecinos piensan que tiene una maldición. Más que la torre, a Mahito lo preocupa alguien que lo desafía a ir hasta allá, una gran garza real que no teme meterse a la casa y perseguirlo. Entre el niño y la garza empieza una batalla, hasta que el primero se decide a resolverla, tomando un palo y yendo tras su enemiga.

Las madres y las abuelas tienen un papel destacado en la última producción de Studio Ghibli. Foto: GKIDS

Quienes han seguido el catálogo del estudio Ghibli reconocerán la marca de otras películas: el fuego de La tumba de las luciérnagas (1988), el impetuoso mar de Ponyo (2008), el bosque de La princesa Mononoke (1997), los coloridos banquetes de El viaje de Chihiro (2001), las puertas a otros mundos de Howl (El castillo ambulante, 2004). No es necesario haberlas visto, pero definitivamente mejora la experiencia.

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En El niño y la garza, Miyazaki se vale de la curiosidad de una madre que se pregunta cómo vivirá su hijo después de que ella se haya ido, y los hace volver a encontrarse en un mundo imposible, inestable, creado por la magia y capaz de destruirse de un soplido, donde los más frágiles son protegidos por las abuelas y por las madres.

Las mujeres, una vez más, son presentadas por el director como personas resistentes y protectoras, que se vuelven vulnerables e intocables cuando llegan a la misteriosa etapa de la maternidad, pero salen fortalecidas y más valerosas que antes. Ni siquiera los monstruos pueden contra ellas.

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En ese universo sí hay criaturas peligrosas, pero han llegado a ese estado porque han sido obligadas y cambiadas (un tema recurrente con Miyazaki) por un humano. El joven Mahito, aunque no es el culpable, es descendiente del que originó el problema, y toma la responsabilidad de hacer algo por ellas.

Foto: GKIDS

Al padre de Mahito, en contraste, se le han dado las debilidades del adulto promedio: es adinerado, físicamente fuerte, sabe usar las armas, está bien aterrizado en el mundo real y, sin embargo, fracasa al tratar de salvar a su primera esposa, a su hijo, a su segunda esposa y al bebé por nacer.

El director tiene otros planes para ellos. Los reúne y los hace asumir su propio rescate.

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Miyazaki, ganador ya de un Óscar en 2002 por Chihiro y de otro en 2014 a la trayectoria profesional, podría obtener una tercera estatuilla gracias a su empeño en seguir trabajando en la agotadora industria de la animación. Se suponía que este sí era su últime filme, pero en 2023 admitió que ya tiene otro proyecto en mente.

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El cofundador, productor y amigo cercano del realizador Toshio Suzuki lo resumió así en una entrevista reciente: “Él está pensando en su próximo proyecto todos los días y no puedo detenerlo; de hecho, me he rendido. Ya no intento disuadirlo, incluso si hiciera una película fallida. En la vida, lo único que le deleita es el trabajo”. Esa es la manera en que Miyazaki vive. (E)