Inspirada en la vida del premiado jugador de tenis de mesa, Martin Reisman -hijos de inmigrantes judíos rusos- que descubrió su afinidad por esta disciplina en su niñez.

Entre las categorías en las que compite en esta edición de los Premios Óscar figuran Mejor película, Mejor director, Mejor actor principal, Mejor guion original, Mejor fotografía, Mejor diseño de vestuario.

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El ecuatoriano Marcelo Varas, actor, creador de contenido y publicista nos comparte las fortalezas de este filme previo a la gala de los premios Óscar prevista para el domingo 15 de marzo.

¿Por qué debería ganar Marty Supreme como Mejor película?

Marty Supreme no es una biopic tradicional, y eso es justamente lo que la hace fascinante. Aunque está inspirada en la figura real de Marty Reisman, una leyenda del tenis de mesa de los años 50, la película elige tomar ese ícono como punto de partida para una historia completamente ficticia, con libertad narrativa, estilo visual único y un personaje construido desde la exageración, el riesgo y la genialidad.

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Para mi, es una obra de arte realizada por su director Josh Safdie, que tuvo una visión tan buena en la construcción de personajes como lo hizo con Uncut Gems de Adam Sandler y esta vez lo fue con Timothée Chalamet.

Chalamet luego de verlo en distintos roles, esto para mí es lo que probablemente sea la mejor actuación de su carrera hasta ahora, Timothée Chalamet se transforma en un Marty sobrado, encantador, odioso y magnético.

Es un personaje que vive al límite: entre deudas, apuestas, presiones sociales y una obsesión absoluta por convertirse en el mejor. Su seguridad desborda la pantalla, y aunque a ratos se vuelve insoportable, no puedes dejar de mirarlo.

Es ese tipo de personaje que odias y amas al mismo tiempo y te hace sentir reflejado al saber que posee un objetivo, ser el mejor de todos y sí que se la cree.

Pero Marty Supreme va mucho más allá del deporte. Lejos de centrarse en partidos y torneos, la película construye un retrato psicológico, con una estética retro impecable que recrea con detalle la atmósfera de los años 50.

Su fotografía, dirección de arte y música funcionan como una máquina del tiempo que te mete de lleno en la época. Todo esto se mezcla con un guion sólido que alterna drama intenso, comedia negra y momentos de tensión muy fuertes.

Los plot twists están perfectamente colocados y te sacuden justo cuando piensas que ya entendiste hacia dónde va la historia. Y aunque el ping pong está presente como disciplina, en realidad es una excusa para hablar de temas mucho más profundos: la búsqueda de identidad, la ambición desmedida, el ego, y lo que estamos dispuestos a perder, para alcanzar la cima.

La interpretación de Chalamet no solo es intensa, sino también física, medida y emocionalmente compleja. Pasa del histrionismo al vacío existencial en segundos, y lo hace con una naturalidad que resulta inquietante. Si algo queda claro tras ver Marty Supreme, es que estamos frente a una actuación que seguramente lo va a llevar a la temporada de premios, con grandes posibilidades de llevarse el Óscar.

En resumen, Marty Supreme es una experiencia cinematográfica potente, con una historia de superación personal y profundamente humana. Una película que trasciende el deporte para hablar del alma. Imperdible. (O)