A las 20:12 se apagaron las luces y sonó en versión instrumental “Y nos dieron las 10”, canción emblemática de Joaquín Sabina, a la par que en pantallas gigantes se podía ver una serie de recortes de periódico sobre la vida del cantautor español. El último titular decía: Joaquín Sabina: Lo niego todo.

Así comenzó el espectáculo que duró aproximadamente dos horas en el Coliseo General Rumiñahui, con lleno completo.

La primera canción, una que todos los asistentes corearon: “Cuando era más joven”.

Enseguida el saludo de Sabina a la ciudad en la que dijo, había planificado empezar la gira por el nuevo disco. “Quería pedir disculpas por no haber empezado la gira en Quito”. Explicó que en abril cuando se anunció su presentación, sufrió de una enfermedad llamada Diverticulitis Aguda. En la rueda de prensa de esta semana había dicho -en son de broma- que ese mal no tenía “nada de diver; pero sí mucho de culitis”.

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Luego explicó que como hacía ocho años que no se habían presentado canciones nuevas, iba “a soltar un puñado de ellas y ustedes serán piadosos y las escucharán”. Luego de los estrenos, será “lo que Dios quiera” acotó, causando hilaridad en el público.

La primera canción de las nuevas fue, justamente “Lo niego todo” -que da nombre al disco y a la gira- y que en una de sus estrofas dice “La leyenda del suicida/Y la del bala perdida/La del santo beodo/Si me cuentas mi vida/Lo niego todo”. Luego vino “Quien más, quien menos”. Que sean parte del nuevo disco, no impidió que la mayoría de los presentes las corearan sin problema.

Llegó la hora de cantar las viejitas entre las que no faltaron: La Magdalena, Y sin embargo, así como 500 días y 500 noches, que desataron la euforia del público.

Derroche de arte

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Vino el momento para presentar a la banda, que dijo le ha acompañado los que más 30 años en su carrera y los que menos 4 o 5 años. Los describió como su familia, y como un grupo de músicos tan talentosos que todos cantan y todos tocan varios instrumentos. Tan particular es el grupo, que el que peor canta es el cantante, dijo, desatando nuevamente risas y aplausos.

Entonces hubo un espacio para que sus músicos se lucieran. Así Mara Barros, por ejemplo, quien hace los coros, cantó “Hace tiempo que no me hago caso”. Se trata de un regalo que le había hecho Sabina a ella, que acaba de terminar su primer disco. El propio Sabina contó que esa frase fue a su vez un regalo de Gabriel García Márquez, en una visita que le hizo. Al saludar y preguntarle al Gabo que cómo estaba, él le respondió: “Hace tiempo que no me hago caso”.

Pancho Varona, guitarrista también cantó “La del pirata cojo” y Antonio García, pianista, “A la orilla de la chimenea”.

Luego de despedirse y ante la insistencia del público, Sabina brindó “Pastillas para no soñar”. Tras las dos horas de show, el público quiteño salió satisfecho.

Hugo Noriega, guitarrista ecuatoriano, abrió el concierto con una suerte de popurrí de canciones entre pasodobles y pasacalles. Fue muy aplaudido por el público. (E)