Lo único que no podía controlarse, la lluvia, se presentó en la ceremonia inaugural de los Juegos de París y empapó de forma inclemente a deportistas, artistas, público y autoridades.
En el Trocadero, donde terminará la ceremonia, una de las pantallas gigantes desde la que se seguía el espectáculo sufrió un apagón y se mantuvo en negro.


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Lo único que no podía controlarse, la lluvia, se presentó en la ceremonia inaugural de los Juegos de París y empapó de forma inclemente a deportistas, artistas, público y autoridades.
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