Inglaterra, que no solo se preciaba de ser la cuna del fútbol sino también la ideóloga de los reglamentos de este deporte, no compareció en París, en 1904, cuando delegados de Francia, España, Holanda, Suecia, Suiza y Dinamarca decidieron fundar la FIFA. Un año más tarde, los ingleses se afiliaron. La idea de hacer un campeonato entre naciones fue una de las primeras tareas de la FIFA, lamentablemente debió postergarse hasta 1930 por razones políticas que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, que postergó el sueño de organizar lo que se denominaría Copa del Mundo.

Recién en 1930 Uruguay organiza el primer Mundial, al que Inglaterra no asistió por diferencias con la FIFA, en razón del profesionalismo que había tomado cuerpo en varios países y que iba en contra del espíritu amateur que había inspirado la creación de la institución rectora del balompié. Inglaterra tampoco jugó en las ediciones de Italia 1934, ni Francia 1938, porque a esas alturas malos vientos anunciaban otra nueva guerra mundial, como efectivamente sucedió en 1939, cuando Alemania nazi invadió Polonia. A los pocos días tanto Francia como Inglaterra le declararon la guerra a los alemanes por razones obvias. El fútbol sufrió una postergación de más de 12 años y recién en 1950 se reanudó con el Mundial en Brasil, que terminó lleno de anécdotas. Este torneo también trajo la histórica novedad de la primera participación mundialista de Inglaterra, con resultados desastrosos.

Eliminada y humillada cuando fue vencida por Estados Unidos –selección integrada por aficionados– y también derrotada por España. Esta pronta eliminación generó un inmenso escenario de críticas en la prensa británica. Causó el cambio de directivos y los nuevos ofrecieron como principal objetivo asistir con éxito a las próximas citas mundialistas porque su historia no podía ni debía soportar otra vergüenza.

Es así que en las cercanías al Mundial de Suecia 1958 ya Inglaterra confirmaba al planeta tener un campeonato nacional de los más organizados, competitivos y ricos del mundo. Los ingleses mostraban una gran selección con las nuevas figuras que se destacaban en sus certámenes. Además, dieron un formato especial a la FA Cup, que, siendo el torneo más antiguo del mundo, se convirtió en inclusivo con el fin de permitir que equipos más grandes puedan competir con rivales de hasta la quinta categoría, de todo el país. Inglaterra tenía un gran aporte del gran Manchester United, estructura de la selección. Jugadores jóvenes de la talla de Roger Byrne, Duncan Edwards, Tommy Taylor, Bobby Charlton y Geoff Bent eran titulares fijos en su combinado.

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En Inglaterra se soñaba vivamente con esa selección como una de las favoritas en Suecia. Hasta que llegó el trágico 6 de febrero de 1958: un grave accidente aéreo en el aeropuerto de Múnich produjo la muerte de 23 personas, entre ellas ocho futbolistas del Manchester United, además de periodistas y miembros de la tripulación. El periodista británico Graham Turner se refirió a la desgarradora noticia así: “Tras el estrépito de la catástrofe, llegó el silencio de la muerte”. El vuelo 817 de la British European Airways, que llevaba a la delegación del United, se estrelló contra una edificación al final de la pista del aeropuerto, a las 15:04 de ese 6 de febrero de 1958.

El listado de fallecidos comenzó a llegar a Inglaterra, que confirmaba el deceso de gran parte de la delegación deportiva. Miles de personas fueron al estadio donde ese día el Teatro de los Sueños vivía una pesadilla. Entre los muertos no estaba el entrenador Matt Busby, que luchaba por su vida en un hospital alemán. Entre los futbolistas se mencionaba que estaban heridos el arquero Harry Gregg y la joven revelación Bobby Charlton. A los pocos días, las escenas conmovedoras se trasladó a Mánchester cuando llegaron los ocho ataúdes para las honras póstumas. Desde ese día un listón negro, marcó para siempre la historia del Manchester United y del fútbol de Inglaterra. La investigación del accidente duró diez años y se conocieron detalles increíbles de la causa de la tragedia. Los informes oficiales detallaban que Múnich había sido escala técnica del viaje originado en Belgrado, donde el United jugó con Estrella Roja por la Copa de Europa. Al llegar a Múnich, la pista estaba cubierta de nieve, el avión hizo un aterrizaje exitoso; después del cometido intentaron partir. Los pilotos británicos James Thain y Kenneth Rayment insistieron en un tercer intento de despegue porque los dos anteriores habían fallado. Luego de las revisiones de rigor el informe determinó que nadie se percató de la enorme carga de nieve que soportaban las alas del avión en el tercer intento. Cuando la aeronave alcanzó los 120 nudos, el avión comenzó a perder potencia, no se pudo elevar, patinó y perdió la vía.

Se deslizó sobre el costado derecho y chocó contra el cerramiento del aeropuerto, para luego estrellarse con un edificio y al final impactar con un camión de combustible que estaba en el lugar de la tragedia. Esto produjo una gran explosión. El informe encontró una irregularidad que complicó el tema legal, para el capitán que fue uno de los sobrevivientes.

Thain, el principal piloto, decidió intercambiar el asiento con su copiloto. Según el informe, se detectaron imprudencias graves que aceleraron la tragedia. La película de la BBC titulada United, narra los momentos de terror y dolor que soportó el famoso plantel de los Busby Babes, en homenaje a su célebre técnico. Esta estremecedora cinta evoca en su inicio una descripción sentida de esos instantes. En el 2012 Alejando Ciriza, de diario El País, comentó que la película mostró que “un reguero de objetos salpica la nieve desde una perspectiva cenital, que de repente se transforma en un primer plano de un rostro pueril, sangriento e inconsciente. Ipso facto un leve parpadeo descubre dos grandes ojos azules, son los de Bobby Charlton, el fabuloso jugador inglés, quien, herido ante un terrorífico escenario, camina sobre el dolor, restos de avión desmenuzado y con cuerpos inertes desparramados sobre el hielo”.

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Tras un prolongado luto Manchester United quedó campeón de Europa en 1968 y Charlton fue, nada menos, quien levantó la copa. Inglaterra se presentó cuatro meses después del accidente al Mundial 1958 mermado y su sueño de ganarlo se esfumó (hasta 1966, cuando hizo respetar su localía y coronarse campeón de la mano, por supuesto, del gran Charlton, quien ese año recibió el premio al Mejor Jugador de Europa). La FIFA lo destacó como mejor jugador inglés de todos los tiempos. Charlton vive todavía; con 85 años es presidente honorario del United y ostenta el título de Sir. Y si algo faltaba, Charlton, inspirado en su dramática historia, fue quien bautizó el estadio de Old Trafford, como el Teatro de los Sueños. (O)